Los tira y afloja de la revolución verde, ¿una oportunidad para Chile?

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Para subirse al carro de la revolución verde, por cierto, a través de la minería verde, en Chile es necesario alinear el equipo, arreglar el camarín.  

Hace unos días el profesor Marcos Lima en su artículo El cobre y la economía verde nos llamó la atención respecto de un artículo recientemente publicado por The Economist, el 12 de junio pasado, y en particular respecto de la afirmación que “en las venas y arterias de la economía verde corre cobre”.

La revolución verde, desatada por el cambio climático y los acuerdos políticos globales para combatirlo, se manifiesta en los saltos tecnológicos que han dado particularmente la movilidad eléctrica y la producción de energías renovables a partir del sol y del viento.

En ambos ámbitos, en pocas décadas de desarrollo y en un salto evolutivo sin precedentes, el mundo dispone hoy de tecnologías que son capaces de producir electricidad a costos más bajos que las tradicionales, almacenarla y utilizarla para mover vehículos con casi nulo impacto ambiental.

De hecho, las revoluciones industriales previas se habían movido sobre un eje continuo: desde el carbón al petróleo y al gas, lo que se hizo en el pasado fue construir lenta y acumulativamente sobre la historia tecnológica anterior.

Revolución verde: activistas y empresa tradicionales unidos

Esta vez la acción climática está empujando un quiebre, una discontinuidad, una revolución total que despliegue todo el potencial de estas nuevas tecnologías mucho más rápido que en el pasado. Y mucho más rápido de lo que ya está sucediendo.

El carácter ético de fondo en este viraje es evidente: hay que evitar a toda costa que las temperaturas globales escalen más allá de 2 grados, y ojalá menos de 1,5 grados respecto de la era preindustrial.

Para ello vemos como se levantan activistas en todas partes del mundo, varias grandes potencias ya se han comprometido a la carbononeutralidad a mediados de siglo, y grandes empresas —tradicionales como Siemens, nuevas como Tesla, occidentales como Vestas y orientales como Dongfang Electric— corren desbocadas por dar la próxima zancada en la escala, potencia y despliegue de las tecnologías disponibles.

Revolución verde: su trayectoria necesita un mayor impulso

Sin embargo, tal parece que la trayectoria de la revolución verde aún no asegura el éxito de los esfuerzos. Para alcanzar las metas fijadas es necesaria aún más velocidad, más escala, y esto ya no depende tanto de los nuevos adelantos tecnológicos —que ya están disponibles en esencia— sino de asuntos más pedestres: lugares donde erigir las nuevas fuentes de energía, infraestructura para transmitirla y distribuirla, y materiales para alimentar este quiebre revolucionario.

Ha llegado el momento de dar el mayor impulso posible a las nuevas tecnologías, tanto para combatir el aumento de las temperaturas globales, como para promover el papel de los distintos países en una nueva economía verde. Esta última es una finalidad de los gobiernos mundiales que no por menos estridente es menos evidente.

Obstáculos inquietantes

Pero es una finalidad que enfrenta obstáculos inquietantes: los informes de cadenas de suministro críticas de Estados Unidos y de la Unión Europea alertan sobre su concentración geográfica (mucho mayor que el petróleo y el gas) y sobre la subinversión existente en la producción de minerales. De hecho, ya hay varias voces indicando que dichas cadenas de suministro se transforman en el cuello de botella del combate al cambio climático.

Minería verde: la oportunidad para el cobre y el litio

En este escenario es evidente que quienes sean capaces de poner el cobre y el litio sobre la mesa de la descarbonización mundial tienen una oportunidad única. Parece acercarse en el horizonte el tiempo en que el aumento radical en los niveles de producción de estos minerales será considerado crítico. Esto, para darle la escala requerida al despliegue tecnológico indispensable para enfrentar con alguna probabilidad de éxito las metas planteadas.

En este escenario global cabe preguntarse el rol que Chile quiere jugar. Y la pregunta no es menor. Vemos en nuestro país, por un lado, el enorme potencial para desempeñar un rol central en la producción de cobre y litio. Y recursos de sol y viento excepcionales. Y espacio para ubicar infraestructura y convertirlos en energía aprovechable, sea eléctrica o como hidrógeno, e incluso como agua.

Pero por otro lado en el caso del cobre, dicha producción —aunque sigue siendo la mayor del mundo— se encuentra estancada desde hace más de una década. Y en el caso del litio la producción chilena —aunque es creciente— está evidentemente muy por debajo de nuestro potencial, el mayor del mundo. Y ya vemos como recursos de otras latitudes se nos adelantan y nos relegan a lugares secundarios.

Chile y la minería: una relación bipolar, se la tolera, pero no entusiasma

¿Qué hace falta para aprovechar la oportunidad que parece cruzársenos en el camino? Chile desde hace demasiadas décadas que ha tenido una relación bipolar con su minería. Por varias razones históricas en esta relación ha primado la distancia, e incluso a veces derechamente la desconfianza, al mismo tiempo que la dependencia.

El entusiasmo es algo que la minería quisiera, pero que no logra encender en el país, y solo alcanza los niveles de tolerancia. El potencial transformador de la minería, tan claro en los análisis internacionales, no parece interesar ni ser percibido siquiera por sus mentes más lúcidas.

Y en vez de salir al encuentro de una posibilidad histórica, nos hemos enfrascado en la descalificación, la desconfianza y el juego de suma cero. Y hemos decidido, con todo el derecho (aunque está por verse si con sentido correcto de la oportunidad), revisar el marco jurídico y tributario de la actividad. ¿Cómo? Introduciendo variables complejas a las decisiones de inversión mineras que, de suyo, son lentas.

Alinear el equipo, arreglar el camarín

¿Qué hacer entonces? Si queremos aprovechar la oportunidad que se nos está planteando es clave alinear el equipo, arreglar el camarín. Hay que ponerle foco a los debates, de manera de abordar los desafíos que el país, y en particular sus territorios mineros, perciben como pendientes.

La fórmula es darles cauce a dichos debates y ser capaces de arribar a conclusiones que sean estables. No solo por su protección legal, sino por su legitimidad social y política.

De minería tradicional a minería verde

En tanto, la “minería verde” debiera apuntar a la circularidad, a la transición energética y la sustitución de combustibles fósiles, la trazabilidad y el uso eficiente de agua, y a la inserción virtuosa de las faenas en sus entornos territoriales. Veamos en el siguiente diagrama qué es la minería verde.

Diagrama de concepto de minería verde, revolución verde.
Fuente: Roadmap de la Minería Chilena 2.0, Corporación Alta Ley.

En definitiva, el concepto de la “minería verde” debiera trasladar a la propia industria minera el estándar ético global para superar el cambio climático. Y convertirse así en el mapa inicial que indica también el camino del nuevo trato entre el país y su minería.

 

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Mauro Valdés

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