El cobre y la economía verde

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Chile, gracias al cobre, tiene un rol fundamental que jugar en la lucha contra el cambio climático. Tiene una gran oportunidad en la economía verde.

“En las venas y arterias de la economía verde corre cobre”¹. Esta estupenda analogía utilizó The Economist en un artículo dedicado a los cuellos de botella de las energías limpias. Por ejemplo, en la oferta de metales y limitaciones de terrenos, que amenazan frenar el auge de las energías solar y eólica, la electromovilidad y otros esfuerzos que apuntan a cumplir con las metas de cero emisiones.

Este último es un estado teórico en el que la cantidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos se corresponde con la cantidad absorbida por “sumideros” naturales y artificiales, que muchas de las grandes economías se han comprometido a alcanzar para el año 2050.

Cobre: ¿Habrá más oferta?

En efecto, entre los materiales indispensables para frenar el cambio climático, el cobre es uno los más demandados. Y, por cierto, la pregunta que se hacen los analistas es si la fenomenal demanda que provocará la transformación energética será acompañada de un incremento equivalente de la oferta. Porque todos sabemos que cuando ello no ocurre, los precios suben.

No es casualidad que la recuperación de China haya hecho saltar los precios en un 66% en el promedio anual entre 2020 y 2021. Sin embargo, esta semana dicho país ha estado usando su poder de mercado para morigerar esas alzas, a partir del anuncio de que su Oficina Estatal de Reservas de Granos y Materiales liberará en parte de sus reservas de cobre.

Varias son las consecuencias para Chile que se deducen de estas noticias. En efecto, resulta alentador constatar que el país, la mayor proporción de reservas del planeta, puede beneficiarse de una posición privilegiada para responder a esa creciente demanda por cobre.

Lo mismo ocurre con otros minerales: litio, cobalto y tierras raras, presentes también en la cartera minera chilena y que se requieren para disminuir la huella de carbono y tener un futuro menos contaminante.

Si queremos aprovechar este potencial, debemos acrecentar la producción de cobre, la cual normalmente va disminuyendo de manera natural por el agotamiento de las minas. Por ejemplo, por la baja de las leyes del mineral, complicaciones productivas, mayor profundidad de los rajos, entre otras..

Y, por consiguiente, para crecer debemos acelerar las inversiones tanto en proyectos nuevos (greenfield) como en ampliaciones de los yacimientos existentes (brownfield), incorporando más tecnología e innovación.

Preguntas clave sobre cobre y economía verde

¿Estamos haciendo algo para dar confianza a las empresa mineras o por el contrario, el clima de incertidumbre imperante las paraliza y obliga a mirar otros horizontes? , ¿que estarán pensando del nuevo royalty que se tramita en el Senado actualmente?, y ¿qué esperan como resultado del proceso constituyente?

¿El royalty aplicado al cobre partir del 2004, no afectó ninguna decisión de inversión, considerando que los niveles de producción crecieran solo 375.000 ton entre esa fecha y el año 2019, mientras que el aumento entre 1990 y el 2004 había sido 3.824.000 ton?, ¡10 veces más!, ¿fueron solo temas técnicos: ley de mineral, otros países con minas de más bajos costos, alta inversión, los que explican tal resultado?, ¿por qué hemos seguido cayendo en el Informe Fraser (30°) como un lugar atractivo para la inversión minera, cuando en el año 2006 estábamos en el primer lugar?

En el artículo citado, se comenta que en 2019 la inversión en nuevos proyectos de litio, níquel y cobre estuvo en torno a los US$ 25 mil millones. Solo un 5% de la cantidad invertida en petróleo y gas.

Queda claro que este escenario cambiará dramáticamente considerando la nueva actitud de las empresas y de los inversionistas.

Irrumpirá la economía verde

Empresas e inversionistas están dispuestos a hacer grandes esfuerzos por cumplir el ambicioso, pero indispensable objetivo de cero emisión, a mediados del siglo.

La disminución de costos de las nuevas tecnologías también ha operado como un incentivo adicional en dicho proceso. Estas muestran disminuciones en la última década de un 83%, 62% y 58% en la generación de energía solar, eólica marina y eólica terrestre (inversión, construcción y mantención), respectivamente.

En este escenario, todos los países deben incentivar la inversión privada a fin de contar con los materiales que permitan el cambio de switch energético. No solo por razones egoístas asociadas a los retornos monetarios que traerán consigo, sino para frenar la principal amenaza al planeta, el calentamiento global. Por cierto, que los chilenos ya estamos sintiendo con la sequía y tantas otras manifestaciones.

Es por ello que debemos optimizar la cadena de permisos y autorizaciones que requiere una explotación minera. Por supuesto, estando consciente del trade off entre cuidado del medio ambiente y la biodiversidad aquí y ahora, y el efecto de los usos del cobre como la “sangre” de la economía verde.

Lo mismo en disminuir los riesgos propios del negocio minero, manteniendo estables las reglas del juego en materia tributaria, medio ambiental, laboral y tantas otras.

Chile tiene un rol fundamental que jugar en la lucha contra el cambio climático y una gran oportunidad … aprovechémosla

Referencia:
1. The Economist, jun 12 2021.

 

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Marcos Lima

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