Lean Six Sigma: ¡No le temas a la estadística!

Lean Six Sigma, en síntesis, propone procesos livianos y óptimos, gracias a una medición rigurosa.

Es muy común en el ámbito de la gestión escuchar la existencia de modelos, metodologías y herramientas con denominaciones en inglés. Nos imaginamos que alguna vez ha escuchado términos con just in time, total quality, balanced scorecard, etc. Pero cuando aparecen expresiones que incluyen términos relacionados con la estadística, como Lean Six Sigma, muchas personas sienten un “sudor frío” por la espalda, quizás relacionado con recuerdos pocos felices de la época de estudiante, o porque se quedaron con la sensación de complejidad cuando debieron enfrentar dicha asignatura.

Hay que reconocer que en muchas empresas el uso de herramientas estadísticas para analizar situaciones, identificar problemas y apoyar la toma de decisiones no es una práctica habitual que podamos encontrar (aunque ha ido creciendo con el paso del tiempo).

Y no podemos dejar de lamentar este hecho dado que se pierden tanto valioso tiempo como recursos que se podrían aprovechar mejor; y lo más importante, se podrían tomar mejores decisiones, si en vez de usar la intuición y la experiencia acumulada, se utilizara la estadística aplicada a los procesos.

En este sentido quizás también hay una responsabilidad de una cantidad importante de profesionales que se dedican a esta área, los que muchas veces abruman a las personas con términos y fórmulas, dichos en un lenguaje solo para especialistas y que confunde y atemoriza a sus interlocutores.

Por eso, una habilidad muy apreciada hoy día es la capacidad para explicar lo más complejo en forma simple y de manera didáctica (y al mismo tiempo correcta técnicamente), lo que impacta positivamente en la comprensión de quienes reciben las enseñanzas.

No obstante el uso del pensamiento estadístico es muy importante (y muchas veces clave) en la solución de muchos de los problemas que se abordan en las distintas áreas del saber, la ingeniería, biología, ciencias sociales, entre otras, donde el trabajo con los datos —para extraer de ellos la información— es la llave que abre la puerta para encontrar respuestas a muchas interrogantes.

Es importante tener en cuenta que la “información” es “aquello que aprendemos de los datos”. Por ejemplo, en la actualidad el uso de los datos relacionados con la pandemia que estamos sufriendo, sirve para comprender y modelar su comportamiento y hacer proyecciones que permita prevenir situaciones que, de no ser abordadas adecuadamente, podría tener consecuencias catastróficas.

Y en este aspecto, la estrategia Lean Six Sigma no está ajena a todo lo que hemos dicho. Tenemos la combinación de términos anglosajones que representan dos métodos, por un lado Lean (que podemos traducir como “liviano”) y Six Sigma, término de origen estadístico que significa seis veces sigma, letra griega que sirve para representar la desviación estándar de una variable. Es decir, una muy importante medida de la dispersión que presenta el comportamiento de la variable bajo estudio. (A estas alturas, alguien interesado(a) en mejorar los procesos estará pensando ¡no es lo que ando buscando!).

Qué implica Lean y qué implica Six Sigma

Entonces ¿cómo explicar en términos más comprensibles lo que significa esta estrategia? Un buen camino es no entrar en forma abrupta en lo técnico, sino que desarrollar las ideas que reflejan la esencia de Lean Six Sigma.

Por un lado tenemos Lean que representa la idea de un proceso liviano, es decir, donde se ha eliminado todo aquello que no agrega valor para la satisfacción de los clientes y que representa un “lastre” pesado de arrastrar al momento de ejecutar sus actividades, con el consiguiente gasto innecesarios de recursos de todo tipo (tiempo, energía, económicos, personas, etc.). Este tipo de gasto se denomina “desperdicios”.

Y por otra parte, tenemos Six Sigma, concepto que debemos relacionar con la idea de “variabilidad”, uno de los enemigos principales de la calidad. La variabilidad se refiere a la diversidad de resultados de una variable o de un proceso y que debe ser controlada para no afectar el cumplimiento de las especificaciones o normas que rigen la realización de un producto o un servicio y que permiten satisfacer a los clientes. Además, cuando se desea caminar hacia la excelencia, disminuir sistemáticamente la variabilidad es vital.

Por lo tanto, la promesa de la estrategia Lean Six Sigma es abordar estos dos problemas que pueden estar presente en nuestros procesos: los desperdicios y la variabilidad. Ello, con el propósito de mejorar la calidad de dichos procesos, lo que tiene un impacto positivo en los costos y en el uso de los recursos, generando un aumento en la satisfacción de los clientes, la productividad y por ende en la competitividad, con todos los efectos deseables que esto genera.

La gran pregunta ahora es ¿y cómo lo hace? Pues bien, con la aplicación de un conjunto de métodos y herramientas que provienen de ambos componentes, unidos por una filosofía de aprendizaje y acción. Por aprendizaje se refiere a la habilidad de recopilar información de un proceso para aprender cómo es su comportamiento actual y compararlo con el que deseamos, y la acción es el conjunto de decisiones y medidas que implementamos para disminuir y ojalá cerrar dicha brecha.

¿No es esto lo que desearía para su organización? Entonces a perder el miedo a estos términos y a poner la mirada en el desafío que significa avanzar, siendo más eficaz y eficiente en nuestras tareas, y sobretodo, más certeros(as) en nuestras decisiones.

¡Hasta la próxima!

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