Lean Six Sigma (Parte II): ¿Qué son los desperdicios?

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En Lean Six Sigma lo esencial es eliminar todo aquello que no agregue valor al proceso; es decir, los desperdicios.

En un artículo anterior revisamos en detalle en qué consiste la metodología de Lean Six Sigma. Hoy analizaremos un aspecto clave: los desperdicios.

Uno de los aspectos centrales hoy en día es la necesidad de las organizaciones, de cualquier tipo, de revisar permanentemente sus procesos de tal forma de asegurar que sus actividades siempre “agreguen valor”.

Lo primero que tenemos que entender es que “valor” comprende todos aquellos elementos de un producto o servicio que aportan a la generación de satisfacción en los clientes y en general de las partes interesadas. Por lo tanto, la necesidad de “agregar valor” implica que cada una de las actividades que hacemos debe impactar directa o indirectamente en dicha satisfacción.

Cuando se hace el ejercicio de identificar las distintas actividades que realizamos, es usual detectar que algunas de ellas no agregan valor. Es decir, si bien responden a una función o tarea definida en alguna oportunidad, la forma cómo se ejecuta no solo no aporta a la satisfacción del cliente, sino incluso hace que potencialmente disminuya y que, por ejemplo, afecte seriamente su preferencia o fidelidad.

Actividades que no agregan valor: ejemplo

¿Cómo así? Veamos un ejemplo real. En los primeros momentos de la pandemia de covid-19 (abril 2020), cuando comenzamos a usar de manera intensiva las compras domésticas por internet, el gran “pero” eran los tiempos de entrega que podían ser de varios días e incluso semanas, lo que nos generaba una gran insatisfacción.

Con el paso del tiempo, los plazos se fueron reduciendo hasta llegar a hoy (agosto de 2022) en que los proveedores se comprometen —muchas veces— a entregar la compra en el mismo día de generada la solicitud. ¿Cuál fue el secreto? Revisar continuamente los procesos logísticos, identificar las actividades que no agregaban valor (por ejemplo, aprobaciones innecesarias o suprimir tiempos muertos) para luego eliminarlas.

¿Cómo saber si una actividad agrega valor?

¿Y cómo se hace esto en la práctica? Revisando los procesos y preguntando en cada actividad:

  1. ¿Por qué se realiza?
  2. ¿Qué valor agrega?
  3. ¿Qué pasaría si se eliminara?
  4. ¿Se puede simplificar sin pérdida de valor?

A veces a la primera pregunta se recibe como respuesta “porque siempre se ha hecho así”, “porque lo dice el procedimiento” o “porque lo ordena así el(la) jefe(a)”, sin preguntarnos por la justificación o el origen de esta forma de proceder.

Ahora, si a la segunda y/o tercera pregunta se responde con un “nada”, entonces estamos en presencia de lo que se conoce como un “desperdicio”. Una respuesta positiva a la 4ª pregunta significaría que en parte existe un desperdicio que debemos eliminar, simplificando la actividad.

Cuando se eliminan los “desperdicios”, los procesos quedan más “livianos” o “esbeltos” (Lean en inglés), acortamos los tiempos de ciclo y generamos ahorros importantes de costos, lo que impacta directamente en la satisfacción del cliente y en los márgenes del negocio.

Lo anterior nos lleva a recordar lo que alguna vez contestara Taiichi Ohno, conocido por ser uno de los diseñadores del sistema de producción de la empresa Toyota, cuando se le preguntó ¿Qué está haciendo ahora la empresa? y el respondió lo siguiente: “Lo único que estamos haciendo es observar el ciclo desde el momento que el cliente cursa un pedido hasta el momento en que el dinero ingresa a nuestra contabilidad. Y estamos reduciendo este período de tiempo eliminando las pérdidas que no suponen valor añadido alguno”.

¿Qué es un desperdicio?

Si vamos a su raíz etimológica, la palabra desperdicio proviene de desperdiciar, que significa malgastar, emplear mal, no aprovechar debidamente una cosa. Si lo anterior lo aplicamos a los recursos (que siempre son escasos), entonces podemos entender el desperdicio en el contexto de los procesos de una organización como “toda aquella actividad o conjunto de ellas donde los recursos se malgastan o no se aprovechan debidamente”.

El término “malgastar” o la frase “no se aprovechan debidamente” están en directa relación con la idea de “creación de valor”. Es decir, cuando detectamos que las acciones que estamos ejecutando no están creando valor, entonces podemos afirmar que hay un malgasto o un desaprovechamiento de los recursos.

La eliminación de los desperdicios es la esencia de la metodología Lean cuyas herramientas apuntan directamente a lograr este propósito. Para apoyar esta búsqueda se ha realizado un análisis general de los procesos de las organizaciones y se han catalogado los desperdicios en diferentes tipos.

8 tipos de desperdicios

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Fuente: leanmanufacturinghoy.com

En el próximo artículo, veremos en detalle que significa cada uno de estos tipos de desperdicios.
¡Nos vemos!

 

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