¿Cómo avanzar hacia la “buena empresa”?

La empresa tiene un tremendo impacto en la vida de millones de personas y es mucho lo que se espera de ella en lo económico, en lo social, en lo ambiental, en lo cultural, en lo familiar y en muchas otras facetas de la vida en comunidad.

Las empresas son un motor fundamental en el crecimiento y el desarrollo del país, y en el bienestar de la población. No obstante, la empresa está hoy severamente cuestionada por muchos que ponen en duda su contribución social y discuten la licitud de la utilidad como compensación del compromiso empresarial.

Resulta imprescindible preguntarse cómo debe ser “la buena empresa” para dar respuesta a los desafíos de hoy. No basta con “maximizar la utilidad” y “dar trabajo” para aplacar la tremenda insatisfacción e inquietud de vastos grupos de la población. Es preciso descifrar “la forma de hacer empresa” en estos tiempos que corren, si es que se pretende recuperar su prestigio, y conseguir el respeto y el aprecio de la comunidad.

El abuso es inaceptable

La empresa no puede aceptar ninguna forma de abuso, en ninguno de sus ámbitos de actividad. Si llegase a descubrir una conducta impropia con sus clientes, proveedores, trabajadores, accionistas o con la comunidad, la empresa debe ser la primera en censurarla y sancionarla. Para ello debe crear instituciones, establecer procedimientos y ponerse reglas que le permitan autorregularse.

La empresa debe multiplicar sus esfuerzos por transparencia y por erradicar la corrupción. Es la mejor forma de crear un lazo de confianza con todas sus audiencias relevantes, lo que trae consigo lealtad mutua y una rentabilidad sustentable en el largo plazo, pues se basa en el aprecio de la gente y en una reputación bien ganada.

Para que una empresa pueda generar crecimiento y rentabilidad en el largo plazo, debe comprometerse con el desarrollo del país, la integración social y el bienestar de la gente, participar activamente en áreas como la promoción y respeto por la cultura, el mejoramiento de la calidad de la educación, el apoyo a la investigación, el alivio de la pobreza, el fomento de la participación de sus empleados en asuntos de la comunidad, y la promoción de estilos de vida y trabajo saludables.

En suma, se pretende que la empresa sea un “buen ciudadano”, integrado a la comunidad, que contribuye a un entorno del país sano en lo político, social, ambiental y económico, y que al mismo tiempo que consigue una justa utilidad por sus actividades, está favoreciendo al bien común (“valor compartido”).

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