Científicos, colaboración y vacuna Covid-19

La colaboración virtuosa de los equipos de científicos para crear la vacuna contra el Covid-19 nos deja el desafío de replicarla en otros ámbitos.

El sociólogo estadounidense Richard Sennet, en su libro “Juntos” (2012), señala que la colaboración “… es reconocible al instante porque el apoyo mutuo está inserto en los genes de todos los animales sociales, que cooperan para realizar lo que no pueden hacer solos.”; además, “…lo que podemos ganar con tipos de cooperación exigentes es una mayor conciencia de nosotros mismos”.

Quizás, en pocos ámbitos del quehacer humano, podemos constatar estas descripciones tan nítidamente como la manera en que se aplica en la comunidad científica. Veamos algunos ejemplos.

Ya lo reconocía Einstein a principios del SXX, al verse necesitado de nuevos conocimientos para enfrentar problemas matemáticos, los que pudo resolver gracias a la geometría de Riemann, siendo la base que necesitaba para su teoría de la relatividad general.

A su vez, John Bardeen, premio Nobel de Física en 1956 y 1972 decía “… la ciencia es un esfuerzo de colaboración. Los resultados combinados de varias personas que trabajan juntas es a menudo mucho más eficaz de lo que podría ser el de un científico que trabaja solo”.

Justo hace 8 años, el CERN (European Organization for Nuclear Research, organismo y laboratorio científico internacional), informó el hallazgo de la partícula “Bosón de Higgs” también conocida como “La partícula de Dios”, donde colaboraron los físicos de 113 países, combinando sus conocimientos teóricos y experimentales.

El 31 de mayo pasado (2020), después del 10 años, la NASA vuelve a sus proyectos espaciales. Por primera vez en alianza con una empresa privada, la SpaceX, para acoplar una nave a la Estación Espacial Internacional, gracias a las tecnologías que decidieron compartir.

Reconociendo el valor de estos casos, deseo destacar particularmente hoy el modo que la comunidad científica vive el trabajo colaborativo.

100 equipos de científicos trabajando

Recientemente, la OMS informó que en el mundo hay más de 100 equipos de científicos trabajando para desarrollar una vacuna que detenga la propagación del virus Covid-19. A pesar que en el ámbito político las relaciones se tensionan, los científicos de EE.UU. y China mantienen una mutua colaboración.

Los laboratorios han complementado sus métodos, tecnologías, conocimientos, información y capacidades, para mejorar la efectividad de sus pruebas, llegando a más de 135 investigaciones de vacunas.

Por otro lado, el Serum Institute de India, el mayor fabricante de vacunas en el mundo, se ha comprometido a fabricar hasta 60 millones de dosis de la vacuna que compruebe su efectividad.

Estoy seguro de que si no fuera por esta colaboración científica internacional sería imposible pensar que esta pandemia se podría controlar y resolver.

Tres aspectos clave

A mi juicio, esta dinámica de trabajo colaborativa, se consigue gestionando tres aspectos clave utilizados en el modelo Meta-Learning de Marcial Losada:

Positividad: Sin duda que la comunidad científica no es exitista ni ingenua, sabe que antes de encontrar la vacuna hay cientos de intentos fallidos; sin embargo, mantiene una férrea disposición positiva a encontrarla lo antes posible.

Indagar: Los científicos han debido hacerse miles de genuinas preguntas unos a otros, con el único propósito de compartir sus conocimientos sin imponer sus propias respuestas.

Conexión: Todos están conscientes de que nadie tiene la solución ni la verdad absoluta, por esto ha sido fundamental que todos los científicos tengan conexión en una red mundial como nunca antes.

Esta es la colaboración virtuosa que aprendemos del mundo científico, y que nos deja el desafío enorme de poder replicarlo en otros ámbitos de la convivencia social… es muy urgente.

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