Storytelling: El protagonista y su meta

Escrito por : Soledad Puente

Un líder, como un protagonista, tiene un sueño que luego convierte en una meta, y finalmente, actúa o lucha. Lee sobre el valor del relato (storytelling).

Me llegó un mail del Servicio de Impuestos Internos, (SII, Chile). Me entregaba una información que cambió mi perspectiva respecto de la recaudación fiscal. Con una tipografía muy alta me informa sobre cuánto dinero le aporto yo al Estado directamente, por la vía de mis ingresos, y cuánto por concepto de impuesto al valor agregado, IVA. ¡Oh sorpresa!, es mucho más de lo que imaginaba.

Ese hecho me obligó a percatarme del rol que mi persona desempeñaba para el financiamiento del Estado. Desde la pasividad pasé a una mirada desde la acción. Un relato o la estructura de un mensaje me transformó de espectador en protagonista.

Este ejemplo retrata bien el valor del relato, un método que tiene la capacidad de convertir lo particular en general. De transformar lo abstracto en concreto.

La entelequia Estado se convirtió en una represantación humana. Es una interesante manera de comprender el valor de un relato claro. Este modo acerca un fenómeno y posibilita la identificación, y con ella, la participación.

En la empresa todo es un relato

Piense lo mismo desde la empresa. Las estrategias y negociaciones se tratan de metas y objetivos. Estos perfectamente se pueden convertir en relatos, siempre y cuando se considere un protagonista y una lucha por una meta concreta. El relato es la representación particular de una lucha mayor.

Los líderes son protagonistas, incluso se podrían considerar sinónimos. El líder, al igual que un protagonista, tiene un sueño que luego convierte en una meta (no vender ni ganar dinero, esa es la consecuencia) y finalmente, actúa o lucha. Su incapacidad para sintetizar y simplificar la meta le puede significar que el banco no le preste dinero o que nadie quiera trabajar con él. Se presenta (el sueño, la meta) con un relato con final y con las acciones para llegar a ese final.

Veámoslo con una analogía del mundo audiovisual. Una buena película o una buena serie son primero y antes que todo un buen guión. Es decir, un relato que le permite a los espectadores en los primeros minutos identificarse con el protagonista, su personalidad y el objetivo o meta por el que luchará a lo largo de una, dos horas o varios capítulos, si se trata de una serie.

En las empresas, al igual que en las películas, tempranamente se reconoce el rol de cada uno en el relato empresarial o audiovisual. Se trata, siempre, de despejar el trigo de la paja. En otras palabras, qué queremos que digan sobre nuestra empresa.

Un lobo en particular, un mundo en general

La película “El Lobo de Wall Street”, que se las recomiendo, sirve de ejemplo. La cinta está basada en un hecho real. Es la lucha de un hombre por hacerse rico a como de lugar, sin escrúpulos. No por generar un bien o un servicio. Su obsesión era generar billetes para sí mismo y quienes lo acompañaran en la aventura de vender acciones. Y esa claridad sirvió para hacer un retrato descarnado del mundo de la compra y venta de acciones. Un particular aporta información sobre lo general. En lo concreto y claro del objetivo del personaje principal está la analogía con el protagonista, líder y empresario o empresaria, a pesar de que suponemos que para la mayoría el dinero es la consecuencia.

Entonces, nuestros relatos deben construirse desde la síntesis, por un lado, y desde lo concreto, por otro. La síntesis para dar cuenta a priori del resultado de los desafíos que nos planteamos y, desde lo concreto, para que el camino y los resultados le hagan sentido al grupo, sea este un ejecutivo, empleado o cliente. La información del Servicio de Impuestos Internos fue eso para mí. Me construyó mi relato como contribuyente: una persona que con su trabajo engrandece el país de todos, a través de sus impuestos.

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Soledad Puente
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