¿Sabías que hay diferencias al negociar según el género?

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¿Diferencias de género al negociar? Vamos por parte. El 8 de marzo de este año 2019, cientos de miles de mujeres llenaron las calles de todo el mundo, buscando legítimamente revindicar sus derechos que se han visto vulnerados históricamente.

Dicha manifestación puede mirarse desde la teoría del conflicto. Amplios sectores de la sociedad abogan por condiciones más justas para las mujeres, e intentan negociar por los cauces institucionales condiciones de equilibrio.

Desde el punto de vista de la negociación, entendida como proceso, el movimiento feminista ha estado inmerso en tratativas que han sido especialmente largas y dolorosas para lograr equilibrios. El día escogido para conmemorar a la mujer se debe a que, a mediados del siglo XIX, un grupo de ellas decidió salir a protestar en contra de sus bajos salarios.

El resultado en aquella época fue desastroso: más de cien mujeres muertas. Se impuso así la violencia física por sobre el entendmiento y la cooperación en la solución del conflicto. La violencia renuncia al diálogo, frecuentemente porque carece de argumentos. La violencia no considera al otro un interlocutor válido, sino simplemente como una cosa, un obstáculo que hay que eliminar.

Demandas que siguen vigentes

Hoy en día es impensable que un resultado como el de 1857 se repita. Sin embargo, las temáticas que dieron lugar al movimiento feminista se mantienen, ya que cuestiones como la brecha salarial entre hombres y mujeres siguen siendo una realidad, al igual que otras justas demandas de las mujeres, como las referidas al acoso sexual o laboral.

Sin embargo, el reclamo por la igualdad en dignidad y derechos no quiere decir que hombres y mujeres seamos idénticos. En muchos aspectos, y al negociar en particular, la literatura especializada señala que las diferencias de género desarrollan estilos y estrategias distintas frente a idénticos escenarios.

Por una parte, los hombres en general tienden a tener una aproximación más competitiva a las negociaciones, esto es, buscan obtener el mayor beneficio tangible posible, sin cuidar la relación e incluso la reputación. Las mujeres, en cambio, tienden a tener una aproximación más cooperativa, con especial cuidado por la relación, lo que genera acuerdos más integrativos, aunque en ciertas circunstancias sacrifican resultado, no siendo esta entrega del todo aconsejable.

¿Por qué sucede esto?

Una posible respuesta viene desde las ciencia. Neurobiológicamente hay diferencias entre hombres y mujeres que inciden en el comportamiento. Se ha demostrado que el cerebro femenino tiene más sinapsis que el masculino. Y que en ellas el lado izquierdo del cerebro está más desarrollado que el derecho, lo que se traduce, entre otras, en que las mujeres son más flexibles en su pensamiento y logran resolver los problemas de forma más precisa, según las necesidades del caso.

Estas diferencias biológicas también se asocian con el multitask, es decir, la capacidad de concentrarse en más de una cosa al mismo tiempo. Popularmente se dice que el hombre no puede caminar y masticar chicle al mismo tiempo; en cambio, las mujeres sí podrían desarrollar más de una actividad simultáneamente. Al parecer, el conocimiento popular se ha validado con los avances de la neurociencia.

Las personas que estén genuinamente interesadas en solucionar injustas brechas y entender el comportamiento de hombres y mujeres a la hora de solucionar conflictos, debieran tener presente estos sustanciales aportes que nos entregan el conocimiento científico y la teoría de la negociación.

No se trata, en síntesis, de que seamos iguales. El asunto es entender, cómo a partir de nuestras diferencias, podemos complementarnos y lograr equidad, respeto y cooperación. Es el desafío para aquellos que generan las políticas públicas; para los cuerpos intermedios a través de los cuales las personas se desarrollan y, desde luego, nuestro núcleo fundamental, la familia.

Este artículo contó con la colaboración de Felipe Martínez, coordinador de investigación del Centro de Negociación UC. 





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