Riesgo y perspectiva multi-stakeholder: subjetividad humana en tiempos turbulentos

Escrito por : Sergio Godoy
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La perspectiva multi-stakeholder es esencial para navegar en estos tiempos turbulentos de pandemia, guerra y otras incertidumbres, en que el enfoque tradicional de “riesgo objetivo” ya no basta.

Estamos en tiempos turbulentos para los negocios, y no solo por razones objetivas y cuantificables. A ellas se les añade una capa inevitable de subjetividad que enreda más el panorama: el riesgo subjetivo, el cual ocurre dentro de la mente de las personas involucradas que tienen el poder de destruirnos o causarnos daños muy costosos.

Es el reino absoluto de la subjetividad, acelerado por la interconectividad digital, amplificado y viralizado en plataformas y medios sociales, contaminado de verdades a medias y desinformación (no siempre deliberadas), así como de falsedades diseñadas ex profeso.

A nivel directivo y gerencial, los sesgos en la toma de decisiones y puntos ciegos corporativos son difíciles de detectar y suelen ser la causa de fondo de crisis reputacionales y de otros problemas que destruyen valor económico, puestos de trabajo e incluso la estabilidad social.

Todo esto es muy difícil de cuantificar con precisión. Pero es necesario comprenderlo y anticiparse a él dentro de un esquema que sea gestionable.

Pandemia y guerra en Ucrania: Riesgos objetivos y subjetivos

¿Qué es la perspectiva multi-stakeholder? Esta permite dar cuenta de las actitudes y comportamiento de los actores humanos involucrados en fenómenos que, si no se les pone atención a tiempo, pueden ser potencialmente muy disruptivos.

La pandemia de coronavirus ha sido calificada como un “cisne negro”: una crisis catastrófica de alcance global que era estadísticamente muy improbable. Pero ocurrió.

El riesgo de que pasara se podía estimar desde una perspectiva epidemiológica con datos biomédicos cruzados con otras variables. Por ejemplo, tiempo de actividad del virus, temperatura ambiente, densidad de personas por metro cúbico de espacio y similares.

Eso es lo que se conoce como riesgo objetivo y que, por muy difícil que sea estimarlo, no depende de la voluntad humana.

Sin embargo, los humanos agravamos el asunto. Expertos de la Universidad de Hong Kong habían advertido del peligro de contagios por coronavirus provenientes de murciélagos en un artículo científico del año 2007. Sin embargo, nadie les hizo caso.

El riesgo objetivo de pandemia fue así exacerbado por factores subjetivos. ¿Por qué las autoridades ignoraron estos datos “duros”? Una vez comenzada la pandemia, ¿por qué algunos no tomaron medidas de contención oportunas, mientras que otros minimizaron la enfermedad o la negaron? ¿Por qué hasta ahora existen personas convencidas de que la pandemia es una conspiración y que las vacunas son dañinas?

Así, a los factores “objetivos” se le añaden secuencias de reacciones (siempre subjetivas) de los actores humanos involucrados. Estas se van entretejiendo en una maraña muy difícil de desentrañar y que avanzan sin parar a paso vertiginoso. La mezcla de todo esto determina, por ejemplo, las expectativas sobre el futuro y, por ende, las inversiones y el crecimiento económico.

La importancia de la subjetividad humana

La importancia de la subjetividad humana para comprender, prevenir y gestionar el riesgo también ha quedado trágicamente evidenciada en la reciente guerra entre Rusia y Ucrania, que promete escalar a magnitudes muy peligrosas.

Había evidencia acumulada de crecientes tensiones entre ambos países, detectables en conductas y discursos de personalidades de las principales potencias mundiales. Hasta que comenzó la guerra.

Las terribles y crecientes pérdidas humanas y materiales están, en última instancia, motivadas (y agravadas) por orgullos, rivalidades, resentimientos, desconfianzas, temores y otros sentimientos que condicionan las conductas de los líderes y actores relevantes involucrados.

El conflicto ha ido evolucionando de manera acelerada según los flujos y fuentes de información (y de desinformación), los cuales tienen diferentes grados de credibilidad e influencia.

Guardando las proporciones, estos mismos factores subjetivos aumentan la exposición al riesgo de las organizaciones, compuestas por seres humanos que interactúan entre sí; y que son susceptibles a disrupciones y crisis muy dañinas que podrían evitarse o atenuarse.

La perspectiva multi-stakeholder

Entonces, ¿qué es una perspectiva multi-stakeholder? ¿Qué quiere decir que abordaremos este tipo de riesgos subjetivos desde ella?

Significa reconocer la importancia de analizar y actuar respecto a la red de relaciones entre actores humanos que determinan a organizaciones. Y, también, a asuntos potencialmente disruptivos (issues).

Así, la perspectiva multi-stakeholder permite comprender cómo enfrentar las disrupciones provenientes de conflictos con diferentes actores que tienen el poder de destruirnos.

Estos grupos de interés, stakeholders en inglés, tienen dos rasgos esenciales:

1. Tienen un interés en la materia en cuestión

El interés de los involucrados obedece a que el asunto afecta su vida cotidiana o su autoimagen. Por ejemplo, un líder político o empresarial puede persistir en una mala decisión y rechazar todo tipo de consejos porque se ha jugado su prestigio en una estrategia fallida. Una comunidad rural puede rebelarse contra una flamante planta industrial porque, aunque genera puestos de trabajo, también genera malos olores en la zona.

2. Controlan algún recurso esencial

Controlan algún recurso esencial que condiciona el devenir de ese asunto, empresa y/o acontecimiento: conocimientos especializados, dinero, credibilidad, legitimidad social, derechos adquiridos u otros (tales como armamento y apoyo internacional en el caso de la guerra en Ucrania).

Los stakeholders se han empoderado

Conectados gracias a la tecnología y amplificados por medios de comunicación, los stakeholders se han empoderado. Expresan sus puntos de vista, se exponen a informaciones (que a veces reafirman sus prejuicios, y en otras los hacen cambiar) y suelen movilizarse para buscar soluciones a sus problemas.

En el ámbito corporativo, así como en el político o el sanitario, es esencial comprender las motivaciones, actitudes, fuentes de influencia y necesidad de estos actores que quieren ser escuchados y tratados con respeto.

La perspectiva multi-stakeholder permite comprender que, tal como ocurre con las guerras, las catástrofes naturales o las pandemias, el riesgo subjetivo que proviene de la mente de todos estos actores se puede agravar, atenuar y/o evitar. Todo depende de cómo los involucrados reaccionamos, cómo nos informamos, qué y a quién queremos creer, y qué decidimos hacer al respecto.

Enfoque que complementa a los análisis de riesgo “objetivo”

Como veremos en los siguientes artículos, muchas veces podemos anticipar esas situaciones de riesgo al analizar discursos y las conductas de los involucrados. Para ello hay que saber identificar los “puntos ciegos” corporativos que entorpecen la toma de decisiones y que explican muchos casos de crisis reputacionales muy dañinas.

Este enfoque complementa a los análisis de riesgo “objetivo”, cuantificable. Por su naturaleza, debiera ser parte integral de enfoques como la gestión dinámica de riesgo, porque permite identificar y comprender mejor los factores que motivan a diferentes actores relevantes a entrar en conflicto.

A su vez, eso permite al gobierno corporativo precisar mejor su apetito de riesgo y el enfoque de gestión del riesgo (y herramientas conceptuales y tecnológicas) más adecuados para el caso, porque no hay fórmulas únicas.

 

Lectura complementaria:
Sergio Godoy (2018): La Organización amenazada. Riesgo reputacional y riesgo competitivo desde una perspectiva multi-stakeholder. Santiago de Chile: Ediciones UC.

 

Actualízate con el curso sobre riesgo competitivo y reputacional (online) de Clase Ejecutiva UC. 





Sergio Godoy

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