Pandemia y dilemas éticos: Parte II

La “última cama” y los servicios indispensables plantean preguntas cuando pensamos en la pandemia y los dilemas éticos.

Este nuevo escenario social —la pandemia del Covid-19— hay una dimensión ética que no podemos dejar de lado. En un artículo anterior, que puedes leer aquí, planteamos los dilemas éticos relacionados con las restricciones a la libertad y a la necesidad del autocuidado para cuidar a otros. Hoy los invito a reflexionar sobre el dilema de la última cama y los servicios indispensables.

El dilema de la “última cama”

Hay que evitar poner el dilema ético bajo la forma de “conecto al respirador mecánico a este paciente o a este otro”. El modo de pensar ha de ser el de tratar de hacer todo lo posible por salvar todas las vidas que se pueda. Las decisiones médicas deben ser las mejores en cada caso, habida cuenta de los recursos que se disponen. De este modo, si alguien fallece, la causa sea la enfermedad y no a que se optó por atender un enfermo en vez del otro. Desde el punto de vista ético es muy distinto.

Son decisiones que deben tomar médicos verdaderamente competentes que entregan el mejor servicio posible a sus pacientes, y actúan con su mejor ciencia y siguiendo los dictados de su conciencia.

Ello implica, independiente del diagnóstico y pronóstico, nunca abandonar un paciente, pero tampoco recurrir a un tecnicismo excesivo que genere más dolor al que ya se experimenta.

En situaciones extremas, el diálogo con la familia y el acompañamiento son fundamentales. Desde el punto de vista ético, los seres humanos estamos llamados a hacer el bien posible, no estamos obligados a lo imposible, pero sí obligados a nunca hacer el mal.

La ley en Chile pide que los hospitales que atienden patologías de cierta complejidad cuenten con un comité de ética. Ello permite abordar casos complejos referidos a un paciente concreto, en la situación particular en que se encuentre. La idea es dar orientaciones para que el personal médico y la familia puedan tomar la mejor decisión.

Pero, en último término, “cuando no se puede curar, hay que aliviar; y cuando no se puede aliviar, hay que consolar”. Es lo que se suele decir, y con justa razón.

Los servicios indispensables

Otro dilema ético que se presenta, y es digno de considerarse, dice relación con aquellas personas que prestan servicios indispensables para el buen funcionamiento del país. Paralizarlos solo agregaría más problemas a los ya existentes.

De todas estas personas, las que son motivo de mayor atención son el personal de salud, dado que ellas están más expuestas a contagiarse y luego, al llegar a sus casas, podrían contagiar a sus familiares.

En este caso, lo primero es que estén adecuadamente protegidas. Es responsabilidad de las instituciones proveer los recursos necesarios para minimizar la posibilidad de contagio. Disponer de los insumos de protección es la condición mínima para prestar en las mejores condiciones de seguridad un servicio absolutamente necesario y de alto riesgo.

Pero, aunque es lícito y loable que el personal de salud preste un servicio tan fundamental en tiempos de pandemia, no se les puede exigir que lo hagan. Podría haber motivos muy atendibles para que ellos se nieguen a hacerlo, como en el caso de una persona que tiene patologías que agravarían el contagio en caso de contraer la enfermedad. Ello debe ser motivo de evaluación muy cuidadosa por parte del empleador y el prestador del servicio.

Restarse del servicio no es lo que hemos visto en el personal de salud. Por el contrario. Su entrega generosa ha motivado, durante muchos días, a las 9 PM, en todo el mundo, aplausos de agradecimiento a su dedicación y compromiso.

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