Negociación: ¿Por qué es difícil resolver el conflicto en Venezuela?

Venezuela conflicto

¿Espacio para la negociación? Durante los últimos años, los titulares de las noticias internacionales han sido acaparados en numerosas ocasiones por Venezuela. Desde los primeros momentos de la “revolución bolivariana”, dirigida por Hugo Chávez, sus propuestas llamaron la atención mundial.
Por eso, la muerte de Chávez y el comportamiento seguido por su sucesor, Nicolás Maduro, fueron seguidos con interés por la opinión pública global. No es necesario hacer un recuento de lo sucedido en ese país hasta el momento actual para saber que se ha producido un creciente distanciamiento entre gobierno y oposición.

Los intentos de negociación no han prosperado y la consecuencia es un conflicto de proporciones que mantiene dividido al país, sin que se vea una salida fácil. Diversos gobiernos han adoptado una posición ante el problema, pero tampoco logran llegar a un consenso acerca de lo que podría hacer la ONU u otras organizaciones transnacionales.

Intensidad

Hay dos dimensiones clave que sirven para comprender los conflictos. La primera es la intensidad y se refiere a la importancia que un conflicto tiene para los involucrados. Una intensidad alta significa que lo que está en discusión es tan importante, que la parte afectada estima que perdería su razón de ser si se viera obligada a ceder.

Debido a ello, ambas partes deberían emplearse a fondo en la búsqueda de una solución pacífica. En la negociación, se debiera encontrar los mejores argumentos para convencer a la otra parte de buscar en conjunto una solución mutuamente conveniente.

El poder relativo de las partes puede ayudar a resolver una situación difícil. La democracia es un sistema de poder representativo en el que la decisión final es adoptada de acuerdo al número de votos que cada parte obtiene como respaldo a sus planteamientos.

Modo de expresión del conflicto

La otra dimensión se refiere al modo de expresión del conflicto. Se trata del grado de violencia que cada parte está dispuesta a ejercer, para hacer prevalecer su posición. La violencia es baja si el tema se dirime en un clima social respetuoso, donde cada parte hace ver calmadamente sus intereses y luego escucha con atención los argumentos de la otra.

Cuando la violencia es alta, la otra parte deja de ser vista como un interlocutor válido. No se intenta persuadirlo para que acepte lo que se le propone, sino sencillamente intimidarlo para que se vea obligado a ceder. Incluso, se puede llegar al extremo de querer eliminarlo, porque se ha convertido en un obstáculo, vale decir, un objeto con quien no se conversa, sino al cual hay que destruir.

Al examinar la situación venezolana desde estas dimensiones, salta a la vista que el conflicto reviste gran intensidad para ambas partes. Ninguna de ellas parece estar dispuesta a ceder en sus pretensiones y por eso no han fructificado las negociaciones. Incluso cada una de las partes ha llegado a desconocer la legitimidad de la otra, lo cual ha reforzado las posibilidades de llegar a la violencia.

La violencia, por su parte, ha estado presente en el curso del conflicto recrudeciendo por momentos o disminuyendo en otros, pero sin desaparecer del todo. Ha habido duros enfrentamientos, muertes y destrucción, con amenazas de hacer la lucha cada vez más cruenta.

Una solución violenta, sin embargo, es sumamente inestable. Los balances de poder varían y la destrucción se convierte en algo habitual. Los argumentos carecen de interés. Es inevitable recordar la sabiduría de Unamuno: “Venceréis, pero no convenceréis”.

Este artículo contó con la colaboración de Felipe Martínez, coordinador de investigación del Centro de Negociación UC.





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