Incentivos: Bonos por usar minifaldas ¿Es en serio?

Revuelo ha causado una noticia que apareció en distintos portales de noticias y redes sociales (lee aquí). En ella se informa que una compañía rusa llamada Tatprof organizó lo que ellos mismos denominan, una “maratón de la femineidad”.

El objetivo de esta iniciativa, de acuerdo a sus organizadores, es “alegrar” a sus colaboradores varones, a la vez de permitir que las colaboradoras puedan, supuestamente, “sentir su femineidad”.

La compañía ofrece a sus colaboradoras 1,35 euros por día si usan minifalda o vestido para ir a trabajar. Por supuesto que estos anuncios se han llenado de críticas. Sin embargo, sorprendentemente, también existen personas que han alabado la iniciativa.

Si analizamos la política desde la perspectiva de la gestión de personas, tenemos muchas aristas que abordar. En primer lugar, hay que condenar tajamente cualquier política de connotación sexista y que discrimine a las personas.

Comunican lo que somos

Los incentivos son muy poderosos porque son un reflejo de la cultura de la organización. Además, comunican mucho, nos dicen qué es lo que valoramos, qué conductas esperamos, qué nos gusta que pase. Entonces desde este punto de vista, esta organización nos está diciendo a todos que valora que sus colaboradoras alegren a los hombres con su físico. Sin nunca haber pisado esta compañía, pensamos de inmediato que tiene una cultura machista.

El mensaje es tan potente que tiene incluso efectos en el reclutamiento. Esta marca se vuelve absolutamente poco atractiva para un segmento importante de los potenciales trabajadores. ¿Cómo va a atraer talentos si se vuelve famosa por acciones como esta?

¿Valores?

Otro análisis interesante que emerge de este caso tiene que ver con los valores. Los valores de una organización no tienen sentido si solo se escriben para colgarlos en un cuadro en las paredes. Los valores son los que se viven, los que se pueden operativizar a través de ciertas actitudes en las personas. ¿Qué valor podría declarar esta compañía? Cualquiera que apunte al respeto o a la tolerancia provocaría inmediatamente un desajuste ante una medida como esta maratón de la femineidad. Estos desajustes desestabilizan la cultura porque son percibidos tanto internamente por los colaboradores, como externamente por los clientes.

Además, la temática del género está cada día más presente en las conversaciones. Millones de mujeres marchan en todo el mundo por su legítimo derecho a tener igualdad de oportunidades, en todos los ámbitos. También en el organizacional, donde existe una brecha aún muy grande. Entonces, resulta anacrónico postular ideas como premiar a las mujeres que muestren más su cuerpo.

Planifica los incentivos

Teniendo claridad de todo lo que implica poner incentivos correctos, les propongo una matriz que puede ser usada por cualquier equipo de trabajo de manera de planificar sus incentivos.

Matriz de incentivos

MerecidosNo merecidos
Esperados
No esperados

Fuente: Elaboración propia

Esta matriz nos sugiere que en un equipo de trabajo deberíamos planificar incentivos en cada uno de los cuadrantes. Por ejemplo, un incentivo merecido y esperado puede ser un bono por desempeño a fin de año. Un incentivo esperado, pero no merecido, es la fiesta de fin de año; todos los trabajadores lo esperan pero no tiene relación con el mérito.

Los incentivos no esperados pero merecidos son, a mi juicio, los más potentes. El ejemplo, por antonomasia, es la felicitación. Cuando alguien hace algo bien, ¡hay que felicitarlo! Seguramente la persona no lo espera pero este tipo de incentivo no monetario es increíblemente poderoso.

Finalmente, los incentivos ni esperados ni merecidos son acciones que apuntan a mejorar el clima laboral, por ejemplo, un jefe que llegue con pizzas para todos en una semana de mucho trabajo.

Ocupemos toda nuestra creatividad para diseñar incentivos, pero ocupémosla bien. No cometamos el error de Tatprof.

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