Ética: por qué las formas de la política están contribuyendo a su desprestigio


La ética de las formas nos dice que el fin no justifica los medios (nunca).

En las últimas semanas, hemos visto varios casos de comportamientos en el mundo de la política que no cuidan las formas apropiadas, degradando esta actividad y perjudicando su causa.

Pareciera haber una transición desde el “juego rudo” al “juego sucio”, que hace ver a los adversarios políticos como enemigos a quienes se debe eliminar. No es ésta una buena forma de hacer valer nuestros puntos de vista, pues su validez se ve enturbiada por la forma de manifestarlos.

En ética importa el fin —que es la motivación detrás de un acto— y también importan los medios. Aunque la intención de un acto sea muy noble, si los medios que se utilizan son inadecuados, el resultado es cuestionable desde un punto de vista ético. Se acostumbra a resumir lo que se espera de nuestro comportamiento en la máxima “el fin no justifica los medios”.

El desprestigio de la política es sin duda una cuestión grave, porque para tener un buen país, necesitamos de la buena política.

Monseñor Chomali se refería en una columna reciente a los valores de un buen político, entre los que se incluyen “saber encontrarle la razón incluso al contrincante político, así como nunca usar la fuerza ni atentar contra la buena fama de otros” (lee su columna aquí).

Las causas de este desprestigio son muchas, pero cada vez resulta más evidente que el descuido de las formas está contribuyendo grandemente a esto.

Son numerosas las personas que se han referido a este tema, como lo hizo el escritor Roberto Ampuero en su columna del 21 de mayo en El Mercurio. Él se queja de la “descarga de odios, descalificaciones, insultos y ataques, en una palabra, de inmundicia…” y agrega “… algunos presidenciables se especializan en denostar a los adversarios y eludir los desafíos nacionales, contribuyendo aún más al desprestigio de la política y a la polarización de la ciudadanía”.

El “juego limpio”

No todo puede valer para alcanzar los fines que se persiguen, que pueden ser muy loables, pero que pierden legitimidad si no se aplican las reglas del “juego limpio”.

El político que no cuida las buenas formas en su actuar va a sembrar una gran duda sobre la real naturaleza de sus intenciones, va a perder credibilidad y prestigio.

La buena política sabe ponerse límites, porque el cuidado de la institucionalidad y del sistema es la responsabilidad principal de todo político. No tener un comportamiento correcto tal vez implique una pequeña ventaja coyuntural, pero perjudica gravemente a la actividad en su conjunto.

Un pequeño beneficio personal puede llevar a una gran pérdida para toda la sociedad, porque lo que destruye la política implica un gran daño para el país. No es sano ni bueno que las ventajas personalesse obtengan a costa del bien común.

Les dejo una pregunta para comentar ¿conoces ejemplos donde un fin noble se enloda por la forma de obtenerlo?