Estallido social: Las razones de una historia confusa

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Una de las lecciones en materia de storytelling que nos dejaron a los chilenos los acontecimientos de este octubre de 2019 fue que una historia no es una serie de hechos sueltos y solo llamativos, sino que se necesita un relato coherente.

La última semana de octubre de 2019 será inolvidable para los chilenos. No solo por lo ocurrido, sino porque la cobertura periodística que realizaron de la crisis los medios, en especial la TV, fue pobre y confusa. Recordaba el terremoto de 2010.

Aquello se puede relacionar con los conceptos clave de storytelling, para bien y para mal.

Para bien, porque las razones del descontento ante la cobertura periodística se pueden explicar desde de la metodología de la narración de historias; y para mal porque, si se explica desde la teoría dramática, una de las razones del descontento fue la falta de una narrativa articulada. No había historia, solo una descripción.

Presenciamos un vuelco histórico en materia política. Sin embargo, la mirada fue la misma de siempre, sobre la base de hechos aislados, con el valor informativo puesto en lo espectacular y la estridencia, y los mismos protagonistas y antagonistas acostumbrados: dos grandes conglomerados políticos y unos más pequeños con una voz, a veces más valiosa para el periodismo que la de otros. Recordó a Mc Luhan. Fue una mirada a través del espejo retrovisor.

Narración de una acción humana

Una historia es la narración de una acción humana que se puede identificar claramente porque nada le antecede y nada le sigue. Y esa acción tiene un protagonista que es el líder o quien guía la acción.

El viernes 18 de octubre de 2019, lo novedoso de la acción fue que, a lo largo de todo Chile, los ciudadanos salieron a marchar sin importar su color político. Solo en Santiago 1.200.000 personas. Después de días de desórdenes muy serios apareció el protagonista.

Hasta ese momento se suponía que era el Presidente de la República. La verdad era otra. El presidente y los responsables políticos de la conducción del país, el Estado como grupo, eran los antagonistas. Los protagonistas eran los ciudadanos chilenos que le exigían a sus líderes cambios. Cumplir con su responsabilidad. Ese viernes, también se aclara la meta. Bastaba revisar los carteles. Una mejor calidad de vida para todos, no solo las élites.

Para que exista una historia, esta debe ser clara respecto de la acción humana que se relata y del final que se busca.

Los líderes construyen las historias, desde la visión, desde el final transformador que esperan. La lucha por cumplir con esa visión es la narración que luego se convierte en relato. Si las condiciones de vida y de convivencia de los chilenos mejoran exponencialmente, tendremos un final feliz. Si ocurre lo contrario, la meta se frustra….

Por ello, creo que una de las lecciones en materia de storytelling que nos dejaron a los chilenos los dolorosos acontecimientos de este octubre de 2019 fue que una historia no es una serie de hechos sueltos y solo llamativos, sino que el valor está en que el narrador (editores periodísticos en los casos del periodismo) lo perciban antes que los demás y sean capaces de convertirlo en un relato coherente para la ciudadanía. Sea que tenga un final feliz o infeliz.

Lee aquí sobre el curso “Storytelling: la estrategia como relato”, de Clase Ejecutiva UC.





Soledad Puente

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