¿Es chileno? Hable más lento

Si me escuchara diría que soy como el padre Gatica. Predico, pero no practico. Me atropello al hablar. Este defecto, eso sí, lo comparto con mis compatriotas: los chilenos, de todos los niveles sociales. Sin embargo, en pos de una mejor comunicación, debemos luchar por modificarlo. Le está afectando a nuestras relaciones profesionales y la mirada que de nosotros tienen los que nos conocen.

Una red social publicó que los chilenos somos los que peor hablamos en América Latina. Las razones que señalaban eran principalmente la velocidad (sí, hablamos muy rápido) y la gran cantidad de coloquialismos.

Si revisa el hablar de los líderes más destacados en el mundo se dará cuenta de que su tempo (velocidad del ritmo) es lento. Le da tiempo al oyente para escucharlo y entenderlo. El tempo ritmo, por lo tanto, es capaz de mejorar o empeorar nuestra comunicación. Importa más ser corto que claro.

La frase «no se le entiende nada» es bastante común cuando uno escucha a un chileno. Esto porque, además, tenemos otro defecto: preferimos apurarnos en vez de acortar un trabajo cuando se trata de ajustarnos a un tiempo.

Velocidad y complejidad se relacionan

Las investigaciones en psicología indican que la velocidad y la complejidad de la información se relacionan. Mientras más complejas son las ideas que deseamos transmitir, mayor debería ser el tiempo ocupado en la emisión de los sonidos.

Los locutores deportivos y los subastadores son quienes hablan más rápido, pero se dice que no pueden emitir más de 200 palabras por minuto. Y para hacerlo y ser entendidos su entrenamiento es muy fuerte.

Hoy está de moda el escuchar textos en voz alta: los audiolibros. Son un estupendo complemento para las largas horas en los tacos. Quienes leen estos textos para ser escuchados demoran entre 150 a 175 palabras por minuto. Y se dice que el promedio de un presentador u orador es de emitir 100 palabras por minuto.

Entrena tu velocidad de lectura

Lo invito a realizar un ejercicio para que calcule su hablar y entrene su velocidad.

El siguiente texto seleccionado tiene 129 palabras. Léalo en voz alta y con cronómetro. Trabájelo hasta que demore un minuto. Si es posible, grábese tanto en su primer intento y como en el último. ¡Se sorprenderá!

«Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé? Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando:”Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis? Por supuesto”, dijeron ellos».

(Un trozo del discurso que Steve Jobs realizó, en Stanford, a los alumnos que se graduaron en 2005).

Recuerde: un tema de interés, organizado en oraciones cortas, leído de punto a punto y dándole tiempo a cada oración, tiene más probabilidades de éxito que lo contrario.

Este artículo contó con la colaboración de la periodista Michelle Ibarra.





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