Equipos en pandemia: 5 recomendaciones sobre inteligencia emocional

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Debido a la pandemia, las relaciones en los equipos de trabajo se tiñen de emociones derrotistas o catastrofistas, otros logran generar sensatez y templanza; no da lo mismo.

Sin duda que en estos tiempos de pandemia hemos vivido turbulencias emocionales en los equipos de trabajo, lo que influye en nuestra capacidad para tomar decisiones, generar acuerdos, escucharnos, concretar ideas, analizar algún problema o particularmente mirar el futuro trabajando en equipo.

Tenemos la urgente necesidad de tener conversaciones constructivas; en las cuales nos podamos sentir escuchados y contenidos en un espacio de confianza y sinceridad.

Podemos entonces, gestionar la emocionalidad considerando los siguientes 5 factores, los que por cierto pueden aplicarse más allá de esta contingencia sanitaria, en el desarrollo de cualquier equipo de trabajo.

1. Promover la humildad para aprender en esta situación sin creer que lo tenemos todo claro o controlado.

2. Valorar la discrepancia donde predomine el respeto por las diferencias evitando las descalificaciones propias de momentos de confusión.

3. No guardar resentimientos por cuestiones que no han sido adecuadamente resueltas en el pasado y comprometer los esfuerzos por construir el presente sin esos errores.

4. Cumplir compromisos del presente, de corto plazo, aquello que tiene efecto inmediato y permite dar evidencia de la confianza posible.

5. Declarar un propósito de futuro común con ambición y entusiasmo, eliminando cualquier ánimo de resignación a tener que vivir solo lo que esté dado por las circunstancias.

Equipo en la Antártica

Un ejemplo de esto es la expedición a la Antártica del año 2002, cuando realicé (*), junto a Ernesto Olivares, Eugenio Kiko Guzmán y Pablo Gutiérrez, una travesía recorriendo 400 kilómetros por la inexplorada vertiente este de los Montes Ellsworth en el corazón de Antártica, solos y sin soporte externo. Un plan de 54 días para cruzar nueve pasos de montañas, recorrer 17 glaciares y escalar el Monte Segers.

Luego de cumplirse una semana de nuestra travesía, vemos que al final del valle, emerge un cordón de montañas que cierra el paso y nos queda la duda si podremos pasar. Luego que explorar dicho cordón montañoso nos sentimos derrotados… ¡No había salida! dijimos.

¿Qué hacemos ahora? Luego de discutirlo mucho, tratábamos de ver posibilidades para salir con vida, y descubrimos que no había nada racional que nos permitiera lograrlo.

Nos sentíamos cada vez más vulnerables y casi al borde de pensar en la muerte, en esos momentos, Ernesto Olivares comenta: “Estoy muy agradecido por la invitación y los glaciares son como un pie de limón, lo más lindo que hay”.

Parecía un comentario irónico, paradójico en ese contexto, sin embargo, nos contagió de una nueva emoción, de templanza. Algo extraño nos pasó, parecía que volvíamos a sentir que éramos capaces sin dejarnos llevar por las exigencias de tener las respuestas certeras.

Posterior a esto vamos descubriendo opciones y no dudamos que valía la pena intentarlo todo, y luego de veinticuatro horas de continuo trabajo, logramos atravesar y abrirnos camino por donde no veíamos ninguna salida y logramos estar a salvo en el siguiente valle.

¿Qué nos permitió salir vivos? ¿Qué fue lo determinante en el cambio de dinámica del equipo? ¿De quiénes dependió dicho cambio? ¿Qué nos habría ocurrido si no cambiamos nuestra emocionalidad de resignación por la de templanza?

El poder de la emoción colectiva

Hoy vemos que, producto de lo que estamos viviendo en pandemia, las relaciones en los equipos de trabajo se tiñen de emociones derrotistas o catastrofistas, otros logran generar sensatez y templanza; no da lo mismo.

Estamos convencidos del poder que tiene la emoción colectiva del equipo, tanta que puede salvarnos la vida.

(*) Rodrigo Jordán, coautor de este artículo.

 

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