El entuerto de Codelco Salvador

¿Ganar-ganar o perder-perder? Es la encrucijada que enfrenta hoy Codelco Salvador. Organismos estatales enfrentados.

La División Salvador de Codelco tiene una larga historia y tradición que entronca con la minería de cobre de tiempos precolombinos. En 1959, tras agotarse la Mina Vieja que alimentaba Potrerillos, se desarrolló El Salvador, un paradigma del desarrollo minero (y urbano) moderno. De ahí viene precisamente su nombre.

Desde entonces esta faena minera ha estado marcada por la lucha contra la adversidad y los logros épicos, que tiñen fuertemente la cultura minera nacional. Así nos encontramos hoy con una División Salvador que, no obstante su larga historia con aciertos y errores, cuenta con una favorabilidad abrumadora en el territorio, según la encuesta realizada por Dinámica Plataforma el año 2018.

Hoy la División Salvador enfrenta nuevamente una encrucijada compleja. El agotamiento del mineral en los frentes tradicionales ha obligado a Codelco, desde principios de los 2000, a evaluar y discutir públicamente el cierre de esta faena.

Proyecto épico

Sin embargo, el personal de Codelco ha sido capaz de proponer una solución de largo plazo para su futuro: el proyecto estructural Rajo Inca, que básicamente transforma en explotación a rajo abierto el yacimiento Indio Muerto, fuente subterránea de mineral que dio origen a El Salvador, otorgándole una vida útil a esta división de más de 40 años y varias opciones de construir aún más futuro sobre esta base.

El proyecto mismo tiene dimensiones épicas: se trata de remover la montaña que cubre y aloja el yacimiento, sin interrumpir la explotación de otros frentes que den continuidad operacional a la división, permitiendo que la alimentación de las plantas actuales pueda empalmar el agotamiento de las antiguas fuentes con el mineral proveniente del nuevo rajo. Y todo esto, en un plazo acotado de tiempo y con recursos limitados.

Un proyecto de importancia gigantesca, pero de escala humana, que contempla la reutilización de recursos de otras divisiones de Codelco, como maquinaria de carguío y transporte de mineral, con nuevas técnicas de revestimiento de canales de relaves, la disminución del consumo de agua fresca y los impactos de su extracción, el reforzamiento del tranque Pampa Austral y un nuevo trato con el territorio, en particular con las tres comunidades indígenas de la etnia colla. Es decir, un proyecto ganar-ganar por donde se le mire.

Demanda por daño ambiental

Sin embargo, el proyecto se cruza hoy con un factor de incertidumbre que hace tambalear la tan anhelada continuidad operativa, poniendo en riesgo miles de empleos y la posibilidad misma de desarrollarlo: la demanda por daño ambiental interpuesta por el Consejo de Defensa del Estado (CDE) con base en los efectos históricos en el Salar de Pedernales, fuente de agua de la operación desde hace un siglo.

La situación es derechamente kafkiana: El Servicio de Evaluación Ambiental calificó favorablemente el proyecto Rajo Inca el 28 de febrero de 2020, previa consulta indígena y acuerdos formales con las tres comunidades colla de la zona, con el compromiso formal de la operación de tomar varias medidas para proteger los acuíferos y mitigar los impactos de la extracción de agua, y con una serie de obligaciones de cuidado ambiental y social que, se entiende, dejan tranquila a la autoridad ambiental en estos temas.

Se entiende, además, que la evaluación fue hecha con participación de todas las entidades competentes en estas materias, como la DGA y el SAG. Pero el CDE en julio de este año, esto es, menos de 5 meses después de la RCA favorable, estimó procedente presentar la demanda que, en los hechos, obstaculiza la decisión del directorio de Codelco para dar luz verde al proyecto, como estaba en agenda para estos días.

Es muy difícil de entender para cualquier ciudadano que el CDE por un lado, y el SEA y Codelco por el otro, tres entidades estatales, tengan posiciones totalmente contradictorias. ¿No es acaso el SEA el órgano institucional llamado a pronunciarse sobre los impactos ambientales de los proyectos? ¿Son los órganos del Estado ciegos a las definiciones que toman los restantes órganos, especialmente en temas de su competencia? ¿Qué opinan los mismos servicios públicos que participaron en la evaluación ambiental positiva de Rajo Inca y ahora son citados por el CDE como fuente de información para configurar el daño ambiental?

Rajo Inca es clave

Más allá de esta lamentable controversia, el proyecto Rajo Inca es clave para la provincia de Chañaral, que pivota esencialmente en esta operación minera.

Además, la propuesta de valor de Rajo Inca calza con ciertas tendencias globales como el uso intensivo del metal rojo para el avance tecnológico más limpio y seguro, y con las exigencias a la explotación minera en economía circular, sensibilidad en materia ambiental y especialmente en relación con el consumo de agua y las emisiones, la inclusión de mujeres en la operación y una relación cada vez más horizontal dentro de las empresas y entre ellas y su entorno.

Esta división de Codelco, desde esta perspectiva, es un campo especialmente fértil para la innovación y emprendimiento. De nuevo, desde la escasez y la escala humana del proyecto Rajo Inca hay una oportunidad muy importante para la empresa estatal y para la minería: una conversación virtuosa con su entorno, para avanzar hacia un nuevo paradigma de sustentabilidad de sus operaciones. Por el contrario, si este entuerto no se resuelve al interior del propio Estado, enfrentaremos un juego perder-perder, que es precisamente lo contrario de la sustentabilidad, y un precedente muy grave para la minería chilena.

En la fotografía, rescatada de internet, moderno trazado de “Casco romano” de la ciudad de El Salvador, del arquitecto Raymond Olson, 1957.

Salvador Codelco El Salvador

 

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Mauro Valdés
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