El cambio en las personas

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El cambio en las personas demanda mucho esfuerzo, pero ahora gracias a la integración de la psicología y la neurociencia, hemos empezado a entender por qué.

Piense por un momento si usted estaría dispuesto a cambiar en el caso de que el cambio propuesto fuera realmente importante. Lo más probable es que su respuesta sea afirmativa. Pero, de acuerdo a los estudios en el tema, la probabilidad de que usted cambie es de uno sobre diez, y la de que no lo haga, nueve sobre diez.

De acuerdo a John Kotter, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard —quien analizó muchos casos de empresas en crisis— el desafío de modificar la conducta de las personas es central en la gestión de empresas. A veces, como individuos deseamos transformar, por ejemplo, el modo en que trabajamos y no lo podemos hacer.

Por otro lado, aunque los ejecutivos de la alta gerencia son los responsables del cambio, también es difícil para ellos vencer su propia resistencia a dichas mutaciones. ¿Por qué nos resulta tan difícil cambiar?

Kotter (1996) afirma que “el cambio de conducta se logra involucrando a los sentimientos de las personas”. Esto también se aplica en las organizaciones, ya que en los proyectos de transformación más exitosos, los líderes que ayudan a otros a ver los problemas y soluciones, no solo apelan a las razones, sino también a las emociones. Desgraciadamente, este tipo de persuasión emocional no es parte importante de la enseñanza en las escuelas de negocio.

Algunos estudios realizados por Dean Ornish —profesor de Medicina de la Universidad de California, San Francisco— resaltan la importancia de considerar las dimensiones psicológicas, emocionales y espirituales al promover el cambio. En sus artículos plantea un programa basado en una dieta vegetariana, con menos de 10% de calorías grasas, que puede revertir la enfermedad cardíaca sin cirugía ni medicamentos.

En 1993, realizó un estudio en 333 voluntarios con arterias muy obstruidas, quienes debían dejar de fumar y seguir la dieta. Dos veces por semana asistían a sesiones grupales de apoyo psicológico, junto con clases de meditación, relajación y yoga en un programa de un año. Tres años más tarde el 77% de ellos se mantenía fiel a los cambios en su estilo de vida y habían evitado la cirugía. ¿Cuáles son las claves del éxito en este cambio?

Ornish propone darle un sentido positivo al cambio, convenciendo a sus pacientes de que pueden vivir mejor y disfrutar más de la vida. Frecuentemente, los pacientes después de un ataque cardíaco están tan asustados que parecen dispuestos a hacer todo lo que les indiquen, pero con el tiempo vuelven a sus hábitos. Los médicos asustan al paciente con el miedo a la muerte porque se considera que el temor puede motivar al cambio, sin embargo, se ha visto que esto no sirve.

Sin ir más lejos, veamos lo que ocurre con el cumplimiento de las medidas para prevenir el contagio del coronavirus, cuarentenas, distancia social, lavado de manos, etc. En distintos países se ha comprobado que el cambio de estos comportamientos es muy bajo, aún frente a la posibilidad de morir.

¿Por qué nos resulta tan difícil cambiar?

Es claro que cambiar demanda mucho esfuerzo, pero ahora gracias a la integración de la psicología y la neurociencia, hemos empezado a entender el porqué. Esto explica tanto el fracaso como el éxito de muchas iniciativas de cambio. Según D. Rock y J. Schwartz (2006), algunas consideraciones que deberían tenerse en cuenta son:

• Al cerebro le cuesta cambiar una vez que se ha formado un hábito, lo cual se relaciona con la forma en que actúa la memoria. La memoria funcional, donde las percepciones e ideas se comparan por primera vez con otra información, es la que trabaja cuando uno descubre algo nuevo.

Por ejemplo, cuando nos proponen una nueva forma de hacer las cosas, es la memoria funcional la que absorbe la nueva información y la compara con la antigua, contrastando las ventajas con el modo de funcionar que ya estábamos usando.

Esta memoria se fatiga con facilidad y solo puede retener una cantidad limitada de información en un momento dado. Además, el intento de cambiar un hábito exige mucho esfuerzo en nuestra capacidad de atención.

Por otro lado, toda actividad que se repite —hasta el punto de convertirse en un hábito— es almacenada en una parte del cerebro (ganglios basales) dedicada a lo aprendido. Lo adquirido se mantiene en circuitos nerviosos, los que ya no requieren de la atención consciente y, por lo mismo, exigen mucha menos energía que la memoria funcional. Esto libera recursos de procesamiento, por lo que es cómo manejar en “piloto automático”.

• Cuando se detecta una diferencia entre las expectativas y la realidad, el cerebro emite una señal de “error”, la que usa mucha más energía que los estímulos familiares. El cerebro advierte que algo no “cuadra” y disminuye su capacidad de razonamiento. La resistencia al cambio es tan fuerte que las personas necesitan estar muy motivadas para iniciar este proceso.

Lee este artículo sobre el papel del líder en el cambio de las personas.

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Nureya Abarca
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