COP25: Una mirada en perspectiva

Escrito por : Darío Rodríguez

En la perspectiva internacional, es interesante analizar la posición que Chile ha debido ocupar en relación a distintos compromisos asumidos, tanto en la COP25 como en el Tratado de Escazú, por ejemplo.

Es difícil enumerar las consecuencias que ha traído para Chile el estallido social que se inició el 18 de octubre de 2019. En la perspectiva internacional, es interesante analizar la posición que Chile ha debido ocupar en relación a distintos compromisos asumidos.

En particular la decisión de suspender la realización de la APEC (reunión anual del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) y la COP25 (conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático). Dos importantes instancias que finalmente no pudieron ser realizadas en Chile por razones de seguridad.

Ante la crisis vivida, la COP25 tuvo que cambiarse rápidamente de sede a Madrid, quedando aún la presidencia de la misma en manos de Chile. Una vez iniciada, la organización nacional fue duramente criticada por diversos actores, y no se logró llegar a acuerdos en materias importantes, como el mercado de las emisiones de carbono, negociación que finalmente fue pospuesta para el próximo año.

Sin duda alguna, el momento más bullado de esta conferencia fue la negativa que recibió la ministra Schmidt por parte de los delegados del mundo, ante su petición de cerrar antes la discusión para así poder retornar a tiempo a los vuelos hacia sus respectivos países.

Además, se realizaron diversas críticas por la baja calidad técnica de las propuestas realizadas por la delegación nacional. En la prensa internacional se habló de falta de seriedad y profesionalismo del rol que jugó Chile en esta tan importante instancia internacional, pareciendo no cumplir con las expectativas.

Escazú: Chile propuso y luego no ratificó

En perspectiva, vale la pena considerar otra instancia en la que Chile sorprendió. Se trata del llamado “Acuerdo de Escazú”, iniciativa de la que Chile fue uno de los principales impulsores, liderando las negociaciones entre los distintos países que participaron en la negociación. El objetivo era establecer estándares comunes en materia de derechos humanos y medioambiente entre los países de América Latina y el Caribe.

Así, el tratado busca permitir la participación de las comunidades en las decisiones sobre proyectos cuyo impacto ambiental las pueda afectar. En este sentido, pretende garantizar la transparencia de la información pertinente y asegurar que las personas puedan recurrir a la justicia en caso de que sus derechos se vean amenazados, avanzando de esta forma en el acceso a la información, a la participación, y en definitiva, a la justicia ambiental, buscando así alcanzar un desarrollo sostenible y duradero en el tiempo, cuestión muy atingente a las demandas planteadas por la sociedad durante el estallido social.

Después de años de negociaciones, en marzo de 2018 se logró llegar en Escazú, Costa Rica, a un tratado que debería ser definitivamente ratificado y firmado en septiembre del año 2018. Sorprendentemente Chile, luego de haber liderado las negociaciones, decidió no firmar dicho tratado y restarse de las negociaciones. ¿Cuál es el mensaje que da esta actitud?

Al interior del país, además del estallido social, la contingencia se ha visto duramente afectada por distintas crisis socioambientales en el último tiempo. En este contexto, es que a propósito de lo vivido en Quintero Puchuncaví es pertinente recordar el reciente fallo de la Excelentísima Corte Suprema, en donde se constató que Chile actualmente incumple varias de sus obligaciones en materias de de Derechos Humanos y justicia ambiental, lo que tiene un impacto directo en la vida de los afectados por estas catástrofes.

De cara al 2020, es importante que el poder político sea capaz de asumir los compromisos necesarios para mostrar una actitud consistente con el discurso, y poner definitivamente el foco en los Derechos Humanos y respeto por la dignidad humana. Firmar el Tratado de Escazú sería, sin dudas, un importante avance.

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