El rol de la confianza en los contratos

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A mayor nivel de confianza entre las partes en un contrato de construcción, menores son las dificultades y contratiempos que su desarrollo experimenta.

Confiar supone tener una esperanza firme en que una persona, grupo o entidad será capaz y elegirá actuar de manera adecuada en una determinada situación.

La cualidad de la confianza la podemos asignar, ya sea en términos individuales, como confianza en uno mismo, o en términos más amplios, como la confianza que tenemos en los demás, y por extensión, en instituciones o grupos.

Así, el papel de la confianza en el funcionamiento de las sociedades resulta esencial. Como bien señala Francis Fukuyama¹ , “la desconfianza en una sociedad impone una suerte de impuesto a todas las formas de actividad económica”.

Esta circunstancia (la desconfianza) normalmente involucra un marco legal, que sustituye a la confianza, y que tiene un costo, al que los economistas denominan “costos de transición”.

Otra dimensión de la confianza se refiere a la predictibilidad y regularidad del marco jurídico y del funcionamiento de las instituciones, incluidos los mercados, lo que facilita las decisiones y contribuye a la fluidez de la actividad económica.

Confianza y contratos: una relación tripartita

Las relaciones de confianza son, en general, una relación tripartita: el que confía, la persona en quién se confía y la materia motivo de la relación.

Por esta razón, la confianza depende de las personas que intervienen y también del asunto. Así, confiar en alguien, supone una valoración racional del otro. Y, por lo mismo, la desconfianza no siempre debe tener una connotación negativa, ya que es natural ser cauteloso mientras se evalúa al interlocutor.

Por otro lado, la confianza se facilita en una relación de intercambio reiterado, en un contexto de confianzas mutuas y de plazos generalmente extendidos.

Así entonces cuando existen intereses compartidos y de largo plazo, es usual alcanzar el convencimiento que es bueno y conveniente para el negocio que a ambos les vaya bien (las situaciones “ganar-ganar”).

Sin embargo, cabe constatar que es siempre difícil evitar las desconfianzas en las relaciones donde existe un fuerte desbalance de poder o control, entre los que participan. Situación de ocurrencia muy frecuente en los contratos.

Contratos de construcción: a más confianza menos dificultades y contratiempos

Y, después de lo expuesto, ¿será la confianza importante en el desarrollo y el éxito de los contratos, en general, y en proyectos de inversión en particular?

La respuesta es obviamente afirmativa en todos los casos.

La experiencia demuestra que, a mayor nivel de confianza entre las partes en un contrato de construcción, menores son las dificultades y contratiempos que su desarrollo experimenta.

Las diferencias y los problemas se discuten de manera franca y se resuelven en un clima de cooperación profesional, sin recelos ni suspicacias. Lo que no es sinónimo que las posiciones no se defiendan de manera vehemente y con pasión. Sin embargo, en general, priman la razón y el buen criterio; con la confianza actuando como un catalizador para acercar posiciones.

La desconfianza rigidiza los contratos

Por el contrario, cuando la desconfianza es alta los contratos tienden a ser más complejos y sus conceptos más rígidos. Con ello se limita la necesaria flexibilidad para resolver los innumerables problemas e imprevistos que normalmente sobrevienen en los contratos de construcción de proyectos de inversión.

Estas circunstancias conducen a una fuerte conflictividad en la administración del contrato, lo que en la mayoría de las ocasiones repercute negativamente en sus resultados.

En la actualidad, la “filosofía contractual” de los contratos “modelo” a nivel internacional, tales como la “suite de contratos” de la FIDIC y los contratos NEC, tienen implícito en la redacción de sus textos y cláusulas, que los contratantes mantendrán un razonable nivel de confianza y buena fe en sus relaciones contractuales.

Referencias:
1 F. Fukuyama (1995) Confianza (trust). Las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad. (Ed. Atlántida).

 

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