Comunicación y persuasión: La diferencia entre el punto y la coma

Un error muy frecuente en los oradores es enfatizar sus frases de manera equivocada, lo que afecta el sentido del mensaje.

¿Se ha fijado lo difícil que es entender, la mayoría de las veces, las cuñas de las fuentes en la radio o televisión? La dificultad es porque se equivocan al enfatizar en sus oraciones según las normas de expresión del punto y la coma.

Es un defecto común que afecta el sentido del mensaje de los oradores, independiente de lo habiloso/a o inteligente que sea. Un ejemplo es el Presidente de Chile Sebastián Piñera. Frecuentemente, se escucha frío y poco conectado, a pesar del valor que tienen para él y la ciudadanía sus declaraciones.

Una de las razones, por supuesto, no la única, es la calidad de su expresión oral. Su forma de leer las comas, sobre todo, y los puntos. Es más, su hablar genera un sonsonete. Pone punto, al hablar, indiscriminadamente. Una muestra es el discurso que hiciera el 23 de diciembre cuando promulgara la ley que habilita el plebiscito en abril de 2020. (Ver aquí)

La regla dice así. Con las comas y las pausas, la voz queda en alto o suspendida y con los puntos (punto y coma (;), tres puntos (…), signos de exclamación y pregunta (¿?) la voz baja. Es decir, la coma le anuncia al oyente que la idea no ha terminado y cualquier signo de puntación, que tenga punto, es señal de que el razonamiento ha terminado.

En síntesis: Idea termina con un punto o sus derivados. La idea central continúa si en la redacción hay una una coma o el orador hace una pausa.

Un ejercicio práctico

Para entenderlo y, en especial, trabajarlo, le propongo un ejercicio. La lectura de una de las estrofas de “Rimas y leyendas” de Gustavo Adolfo Bécquer. Lea en voz alta la siguiente estrofa y ojalá grábese:

“Despierta, tiemblo al mirarte;
dormida, me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alma,
yo velo mientras tú duermes”.

El autor escribió desde el punto de vista de un enamorado. Eso es muy importante. Es un hombre tan embelesado con este sentimiento que no se atreve a admirar a la amada. En la adolescencia esta afectividad se da con mucha fuerza, de ahí surge el concepto “amor platónico o miro pero no me atrevo”.

Si leyó poniendo un punto, en vez de una coma, luego del primer despierta se equivocó. Se dará cuenta de que en vez de señalar de inmediato la sensación platónica, usted despertó violentamente a la amada.

Y para que el poema sea capaz de transmitir ese sentimiento debe leer la estrofa completa, de acuerdo a la puntuación. ¡Jamás, por verso! Leer parando en las líneas es un error. Por eso a casi nadie le gusta la poesía. La poesía se lee como un párrafo, el poeta se encarga del resto.

En el caso de “Duerme” es: primer verso, voz arriba (coma), voz abajo (el punto y coma se lee como punto). Segundo verso, voz arriba (coma), voz abajo (el punto y coma). Tercer verso, voz arriba, voz arriba o suspendida (coma, coma) y cuarto verso punto. ¡Practique, practique, practique hasta que lea de corrido y con sentido!

Si resuelve seguir con esta práctica, hágalo con este mismo poeta o, escoja uno clásico que use puntuación. Si no, no sirve. Esto es para aprender a leer en voz alta. Si no es Bécquer, puede ser un Guillén, un Neruda, una Mistral. La calidad sintáctica es muy necesaria. Sugiero Bécquer porque su redacción es impecable y por su capacidad de transmitir sentimientos con las palabras. En los días que vivimos necesitamos ampliar los rangos de las emociones y ojalá recuperar el valor del amor entre hermanos. Luego practique con cuentos para niños y textos de la literatura.

Con la lectura de “Duerme” y si logra puntuarlo correctamente, sin siquiera hacer mucho esfuerzo, su oyente percibirá el pudor del enamorado ante su amada. Si le da vergüenza, piense que está haciendo un ejercicio. Está perfeccionando su redacción para potenciar la calidad de su hablar y por ende mejorar su expresión oral.

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