Coaching: ¡Conoce el talón de Aquiles del coach!

Es muy importante que el coach tenga conciencia de sus sesgos al momento de interactuar con un dirigido.

¿Qué tener en cuenta cuando estamos en un proceso de coaching? Quizás uno de los sesgos cognitivos más peligrosos que enfrenta el coach es su tendencia a sobrestimar la exactitud de sus creencias y juicios, y de mantener rígidamente sus estimaciones por sobre la precisión.

Una vez que las personas se convencen de estos juicios y creencias, enseguida se sienten muy confiadas en ellos y empiezan —en forma inconsciente— a filtrar los datos que entran en el campo de su percepción. De este modo, solo ingresa información que confirma la impresión que ya se tiene sobre personas o situaciones.

Este sesgo de confirmación (Gilovich, Griffin y Kahneman, 2002) progresivamente produce perseverancia en estas creencias. Y limita severamente la habilidad del coach para ser objetivo en su acción.

Por este motivo es tan importante que el coach tome conciencia y comprenda las predisposiciones que tenemos las personas para, de esta manera, poder manejar las influencias adversas de sus propios temores, limitaciones, esperanzas y deseos sobre el proceso de cambio de su cliente y así actuar más objetivamente en esta relación. Esto es principalmente importante en las primeras etapas del proceso de coaching.

El lente humano

En general, un coach puede maximizar el impacto de sus destrezas y talentos en forma calculada, responsable y ética, al aumentar su toma de conciencia y manejar sus prejuicios cognitivos, patrones de conducta y elementos psicodinámicos.

Como resultado, el proceso de coaching se ve enriquecido al traer a la superficie, manejar y minimizar el impacto negativo de los sesgos y, a la vez, maximizar las oportunidades de traer a la relación las experiencias únicas y los talentos del coach.

Al desarrollar y profundizar en la toma de conciencia, en nuestro sistema de pensamiento, conductas, formas de percibir y sentir emocionalmente, uno puede estar en mejor condición para minimizar el efecto de los “puntos ciegos”, aquellos elementos que permanecen desconocidos para el coach y que pueden ser o no desconocidos para el cliente.

Si estos elementos emergen sin control en la relación de coaching y son observados por el cliente, pueden provocar un cuestionamiento de las capacidades profesionales del coach.

Puntos ciegos peligrosos

Esta situación, claramente indeseable, es aun peor cuando las inadecuaciones del coach permanecen desconocidas también para el cliente. En este último caso, cualquier impacto negativo de estos puntos ciegos, al no ser detectados y, por lo mismo, no ser cuestionados ni controlados, pone en peligro el crecimiento del cliente.

Es importante entonces, para el coach, entrar en un ciclo continuo y estructurado de autorreflexión, iluminación y autocontrol para desarrollar un nivel de autocomprensión mayor y, eventualmente, un nivel más refinado de capacidad personal para mantener límites apropiados en la relación con el cliente.

Al pedir activamente retroalimentación de sus pares, supervisores y clientes anteriores, los coaches desarrollan la capacidad para calibrar la forma en que se comprometen con sus clientes en la relación; además, aprenden de sus atributos cognitivos y conductuales específicos y las tendencias que muestran en respuesta a una diversidad de clientes y situaciones.

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Nureya Abarca
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