Automatización, empleo y licencia social de la minería: ¿Por qué es urgente innovar y emprender?

Al año 2030 se estima que el empleo directo e indirecto bajará en la minería entre el 20 y 70%.

La minería mundial, y también por supuesto la chilena, ha visto transformaciones tecnológicas importantes durante las últimas décadas, principalmente en materia de tamaño, durabilidad y eficiencia de sus equipos. Sin embargo, la apuesta por el “gigantismo” de los equipos parece haber llegado a una meseta donde seguir creciendo en tamaño se torna cada vez más difícil y riesgoso.

En el largo plazo, varios pronósticos futuristas apuntan cambios radicales en la forma en que se hace minería, tales como la submarina o la espacial. Sin embargo, en el corto y mediano plazo la actividad minera está acelerando día a día su tránsito a la automatización, la robotización y la digitalización de sus faenas.

Más tecnología

La actividad minera hoy, y en el futuro inmediato, contempla tecnologías que ya están desarrolladas o en etapas de pilotaje avanzado, tales como sistemas de control y automatización industrial, entrenamiento con simuladores, control y orientación de equipos, tecnologías avanzadas de prospección minera, nuevas tecnologías de perforación subterránea y de superficie, y sistemas de control y guía de máquinas y equipos.

Un artículo del Mining Journal de hace tres años predecía que la demanda de servicios basados en la nube, el “Internet of Things” y los nuevos softwares de visualización, simulación y optimización influirán en la industria minera “durante los próximos 5 o 10 años”, y que el uso cada vez mayor de equipos autónomos y controlados remotamente será el desarrollo más importante.

Es evidente que esta escalada tecnológica traerá beneficios (económicos, ambientales, de seguridad), y esto es imparable además de deseable.

Pero también, como lo modelaron y publicaron el IISD de Canadá y el Columbia Center for Sustainable Investment en “¿Explotando un Espejismo?”, 2016, la tecnologización tendrá un impacto importante en aspectos relacionados con el “valor compartido” de la minería: en materia de PIB y el multiplicador de la inversión minera, de retornos para el Estado (impuestos y royalties), y muy especialmente, en número y calidad del empleo.

Menos empleo

La adopción de dichas tecnologías debiera alcanzar un peak alrededor del año 2030 y debiera acarrear, junto a la modificación radical del perfil de los trabajadores requeridos (básicamente menos “operadores” y más “supervisión pasiva” de equipos), una reducción tremenda de la mano de obra.

Según el estudio, la reducción del número de empleos, fruto de la adopción de este tipo de tecnologías, especialmente la automatización y el control de procesos, puede ir desde un 20% hasta un 70% de la fuerza laboral directa e indirecta.

Valor compartido

Por otra parte, tanto la teoría del “valor compartido” como la experiencia empírica en el entorno de varias faenas mineras chilenas señalan, con toda claridad, que la “licencia social para operar”, y en concreto la favorabilidad de los habitantes de los territorios mineros respecto de las empresas que ahí operan, depende de la impecabilidad en materia ambiental como condición higiénica. Pero de ahí, en más depende primordialmente de la cantidad de empleo local que dichas empresas generen.

La pregunta que surge es obvia, y debe ser respondida por las empresas mineras, por sus sindicatos, pero también por las autoridades de gobierno: Si la licencia social de la minería ya es débil en Chile, y el advenimiento del futuro descrito —más tecnología y menos empleo— es inminente, ¿cómo enfrentaremos esta situación?

Las respuestas pueden ser múltiples, y rankean desde las políticas de empleo y reconversión hasta la redefinición del marco inversional para la minería, pasando por la alteración de los regímenes tributarios para favorecer la mano de obra o para compensar su reemplazo.

Pero una de las respuestas más obvias es que se requiere, en forma urgente, impulsar el emprendimiento y la innovación en la cadena de valor de la minería.

Esta es una de las fórmulas más citadas en la literatura internacional, y más plausibles, para enfrentar el mundo minero que se viene y fortalecer su convivencia con el país y las regiones mineras.

El Gobierno y varias compañías mineras y de proveedores están impulsando, con el Programa Alta Ley, una serie de líneas de trabajo en este sentido. Pero el desafío es grande y requiere de respuestas más veloces y más radicales.





Mauro Valdés
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