Minería y pandemia: No hay vuelta atrás

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Se equivocan quienes piensen que se rebajarán los estándares en la minería. Al contrario, las lecciones de la pandemia harán más difícil obtener la licencia social.

¿Qué duda cabe que estos meses de pandemia marcan un antes y un después en nuestras historias personales y colectivas? ¿Alguien cree de verdad que este tiempo no será recordado como un hito tremendo en las vidas de todos quienes tuvimos la desgracia —pero en algún sentido también la fortuna— de experimentarlo? ¿No hay acaso en casi todas nuestras conversaciones una queja clara por el encierro y las penurias, pero a continuación un relato sensible y bien rumiado de lo que hemos aprendido y descubierto?

Miro mis grupos de WhatsApp, escucho las conversaciones y veo a los emotivos e intelectuales, conservadores y progres, miedosos y rabiosos, ingenuos y suspicaces, todos planteándose inéditas preguntas, cuestiones de fondo. Todos extrañando a sus hijos y nietos, mirándolos por video, descubriendo los picaflores de invierno, trasladando el foco de su fe desde el negocio de las indulgencias a los comportamientos solidarios, a la convivencia con los animales, los ciclos vitales de las plantas, la urgencia de “pensar fuera de la caja” y la necesidad de corregir nuestros comportamientos individuales y sociales.

No sé como termina esto. Pero sí creo una cosa. De esto no saldremos de la misma manera que entramos. Y ojo. No pienso que esto vaya a cambiar nuestra naturaleza. Tampoco pienso que un rayo nos vaya a botar del caballo como sociedad —aunque posiblemente sí a varios individuos— para provocar cambios de intereses y de proyectos de vida.

Pero mi convicción es que pocos saldrán sin mella en este proceso, y que los grandes promedios de nuestra humanidad están acusando un golpe que no es neutral en términos de orientación: su fuerza central apunta hacia lo colectivo, lo solidario, lo reflexivo, lo interdependiente, lo empático, lo emocional, lo conectado.

Hay un “mar de fondo”, una corriente irresistible, una cierta forma de entender nuestra convivencia social y ambiental que está en pleno cambio, que cuestiona los marcos históricos de interpretación de la realidad, que desconfía de las instituciones y de las verdades de oráculos, que escapa de los ejes tradicionales de izquierda y derecha, y que se inclina por abrirse a discutir sin paradigmas, por escuchar la genuina opinión del otro y huir de la impostura, e incluso por intentar “cambiar el mundo” con niveles de radicalidad olvidados por generaciones.

¿Qué pasará con la minería?

¿Que tiene que ver lo anterior con el “emprendimiento en minería”? Si está de acuerdo con las premisas planteadas, siga leyendo. Si no lo está, no vale la pena.

La minería hasta aquí ha sido un actor “tolerado” aunque no “admirado” del progreso, especialmente en Chile. Somos muchos los que conocemos sus impactos y externalidades ambientales y sociales, y somos pocos los que sabemos de sus importantes esfuerzos y logros por cuidar la vida, salud y seguridad de las personas y del medio ambiente. Sus condiciones naturales son de suyo complejas. Los yacimientos están muchas veces situados en lugares aislados e impolutos, frecuentemente en la alta cordillera. La construcción de sus proyectos requiere de ingente infraestructura logística, eléctrica, portuaria, y sus operaciones requieren de agua y de movimiento de roca y mineral. Pero no de cualquier manera.

A continuación de la pandemia hay quienes creen que el país debe rebajar sus estándares para atraer inversión minera y generar empleos, incluso a costa del entorno. Y es cierto que el Estado tiene grandes tareas pendientes para agilizar sus instituciones y procesos reguladores y fiscalizadores. Pero no nos equivoquemos.

Mi sospecha es que en términos culturales no nos vamos a enfrentar a tiempos más permisivos ni al relajo de estándares, sino exactamente a lo contrario. El mundo y el país, empujados por el cambio climático, la crisis política, social y económica, y acelerados por la pandemia, vamos a encarar una cultura que cristaliza en la dirección descrita: un salto en la conciencia ambiental y social, y exigencias políticas cada vez mayores.

Temas críticos

Se harán más críticos el uso de energías renovables; la reducción de emisiones, su medición y trazabilidad; el destino de sus residuos, la responsabilidad por sus pasivos ambientales; su aporte a una economía circular; la tracción del empleo, de la ciencia, del conocimiento, de las capacidades y de la innovación, y finalmente, el respeto y cuidado por las comunidades de su entorno, y sus prácticas sustentables.

Quien quiera escapar de esta tendencia se enfrentará no solo con las regulaciones, sino con sus propios trabajadores, accionistas, comunidades, clientes, financistas y aseguradores. Y con chilenos que, para otorgar su “licencia social”, quieren ver las lecciones aprendidas de estos tiempos.

¿No es este acaso un mundo vibrante y motivador para quienes se proponen innovar en esta minería?

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Mauro Valdés
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