¡Sin influencia… no hay liderazgo!

Las personas somos seres sociales y funcionamos gracias a las variadas formas en que interactuamos y nos influimos unos con otros. Cada uno de nosotros continuamente ejerce su influencia cuando queremos que otro realice algo, esté de acuerdo con algo, que elija algo, o piense de una determinada manera o se comporte en forma diferente.

Muchas veces tenemos la idea de que el poder y la influencia solo le pertenecen a las personas que son muy poderosas e influyentes —presidentes, generales, artistas de cine, pero esto no es así.

En casi cualquier interacción humana, existen múltiples intentos de influir en los demás. Algunos serán directos, verbales y otros más indirectos, no verbales. En estos intentos por influir en las demás personas, tratamos de obtener ciertos resultados, por lo que se podría decir que estamos continuamente negociando para llegar a un acuerdo sobre nuestros intereses o para hacer nuestra voluntad.

Ocurre en toda interacción humana

La influencia es parte de casi toda comunicación y ocurre en cada interacción humana. La influencia es esencial en los negocios y es un elemento crucial en el liderazgo. No podría haber liderazgo sin la presencia de la influencia.

Cuando la influencia es ética, la persona influenciada ha consentido en que se ejerza, a menudo en forma implícita, esta acción. Por ejemplo, si alguien me pide un favor, al cual no estoy obligado y yo consiento en ello.

Pero la influencia también puede ser no ética, cuando se ejerce en forma coercitiva o de manipulación. Este tipo de influencia tiene un efecto expedito, pero generalmente destruye la relación entre las personas.

No basta la autoridad

Una de las maneras más comunes que tienen las personas para influir sobre otros es la de apoyarse en la autoridad legítima que se tiene. Pero todos sabemos que si se abusa de la autoridad, las personas pueden resistirse y dejar sin efecto la influencia que se pretendía.

En nuestros tiempos, en que las personas especialmente en los países desarrollados son más resistentes a la autoridad formal, no tiene efecto este tipo de influencia solo por autoridad.

Esto ocurre más frecuentemente en las empresas donde lo que cuenta es el conocimiento. Kotter afirma: “Tratar de controlar solo de manera directiva en base al poder asociado a una posición simplemente no funcionará. Primero, porque los gerentes siempre dependen de algunas personas sobre las cuales no se tiene una autoridad formal. Y en segundo lugar, porque casi nadie en las organizaciones modernas aceptará pasivamente y obedecerá completamente una seguidilla de órdenes de alguien solo porque es su jefe”.

Colaboración y compromiso

Hoy en día la mayor parte del trabajo de un líder se hace a través de su influencia más que por su autoridad, a través de la colaboración más que por medios coercitivos, inspirando compromiso más que exigiendo cumplimiento. En las organizaciones modernas que son más planas y muchas veces globales los gerentes y profesionales deben ser capaces de influir sin tener muchas veces la autoridad.

Más aún el poder influir a través de distintas culturas es un tremendo desafío para los líderes, ya que las personas tienen distintas creencias y valores y usan distintas convenciones para ejercer la influencia.

Finalmente, la influencia es una habilidad que puede ser aprendida, uno puede llegar a ser mejor para influir en otros, aún en distintas culturas.

Les dejo algunas preguntas para reflexionar y comentar:

1. ¿Recuerda alguna situación en que lo hayan tratado de influir en forma poco ética?

2. Si Ud. está en una posición de autoridad, ¿ha tenido que usar la autoridad para hacer que otros hagan lo que Ud. quiere?





Nureya Abarca
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