Salario justo y horas de trabajo: II Parte

Salario justo y horas de trabajo

Se ha producido en Chile un importante debate en torno al número de horas de trabajo. No puede separarse este debate de lo que significa el trabajo en la vida de las personas, ni de lo que es un “salario justo”. En este artículo reflexionamos sobre el salario justo.

Para que haya un salario, tiene que haber un trabajo y para que haya trabajo tiene que haber una empresa que procure productos o servicios que alguien necesite. Las empresas generan trabajo cuando son equilibradas en sus gastos y los salarios dicen relación a su salud económica. Cuando ello no se da, las empresas quiebran y muchas personas quedan sin trabajo. Querer o promover salarios altos trabajando poco es insostenible, tarde o temprano esa fórmula termina mal.

Para analizar la justicia o injusticia a la que se ve enfrentado el trabajador, hay que observar lo que pasa con el salario o remuneración. En efecto, la remuneración es el instrumento para practicar la justicia en las relaciones laborales, dice la Doctrina Social de la Iglesia, que acuña el concepto de salario justo.

Para analizar si es justo o no el salario recibido hay que fijarse en varios aspectos. Las tres condiciones que debe cumplir el salario justo según la formulación de Pio XI en su encíclica Quadragesimo Anno son: que permita el sustento del trabajador y su familia, que considere la situación global de la empresa y que cuide el bien común. También deben tomarse en consideración la preparación de la persona, la responsabilidad asumida, el esfuerzo realizado, y las condiciones imperantes en el mercado, la economía y el país en general.

Un salario justo le permite al trabajador acceder a los bienes de la tierra, que fueron creados para todos, en virtud del destino universal de los bienes. El salario debe garantizar al trabajador poder disponer dignamente sus necesidades materiales, pero también sociales, culturales, espirituales, tanto de él como de su familia.

La remuneración no puede ser inferior a lo que el trabajador requiere para vivir. Lamentablemente son muchas las familias que viven en la pobreza, o incluso en la indigencia, ya sea debido a sus bajos salarios, a que trabajan de manera informal o sencillamente porque están sin trabajo. Ello se debe y coincide, en general, con aquellas personas que no han tenido acceso a una buena educación.

Es a través de la educación que se pueden superar las brechas existentes en el ámbito laboral. Lograr una mejor educación en todos los sectores de la ciudadanía es la manera como se puede terminar con el trabajo precario.

Para ello es urgente apostar desde la infancia a procesos educativos de calidad. Existe una relación directa entre la educación de una persona y su salario. Y la educación depende en gran medida del sector social al que pertenece. Esa es la injusticia basal que se replica en todos los ámbitos de la vida.

Desde el punto de vista de la empresa, un salario justo debe permitirle operar sin sobresaltos. “Sería injusto exigir unos salarios tan elevados que, sin la ruina propia y la consiguiente de todos los obreros, la empresa no podría soportar” (Pio XI). Y si la empresa no es capaz de ofrecer remuneraciones que permitan atender las necesidades mínimas de su gente, habrá llegado el momento de analizar si la empresa puede continuar.

No basta para calificar de justa una remuneración el mero acuerdo entre el empleador y el trabajador. El bien común trasciende los derechos individuales del trabajador y del empleador. Lo primero es ofrecer una remuneración suficiente para llevar una vida digna y sin sobresaltos, pero el nivel de los salarios debe permitir que haya trabajo para el mayor número de personas que puedan y quieran emplearse.

No es bueno que personas caigan en la pobreza por falta de trabajo, porque esta “arruina la prosperidad de las naciones, y destruye el orden, la paz y la tranquilidad de todo el orbe en la tierra”. Los fines de la economía social se alcanzarán “solo cuando a todos y a cada uno les fueren dados todos los bienes que las riquezas y los medios naturales, la técnica y la organización pueden aportar; bienes que deben bastar no sólo para cubrir las necesidades y un honesto bienestar, sino también para llevar a los hombres a una feliz condición de vida” (Pio XI).

Por último, el salario justo también responde a las condiciones del trabajo y a la situación de la economía y el mercado. Si alguien hace un trabajo de mayor responsabilidad, que requiere una preparación y entrenamiento más exigente, y lo ejecuta diligentemente y con eficacia, objetivamente merece una compensación más alta. Lo mismo puede decirse de trabajos que se hacen en condiciones ambientales más desfavorables y que demandan un gran esfuerzo físico.

Por otra parte, los salarios sin duda se ven afectados por las condiciones económicas de los mercados y del país en general. No obstante, debe procurarse en todo momento mantenerse dentro de los límites que definen un “salario justo”, lo que impone exigencias tanto al trabajador como a la empresa de adaptarse a las circunstancias que se viven, ya sea porque la situación es mejor o peor a lo esperado.

Lee aquí el artículo “Salario justo y horas de trabajo: I Parte”, con la reflexión sobre el trabajo y las horas dedicadas a ello.

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