“No lo vimos venir”: el aprendizaje y la capacidad de anticipación organizacional son el mejor antídoto

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La frase “no lo vimos venir” es una mala explicación a fenómenos que pueden preverse gracias al aprendizaje y la capacidad de anticipación organizacional.

Una frase que hemos escuchado recurrentemente en el último tiempo es “no lo vimos venir”. Esto frente a diversas situaciones como el estallido social de octubre de 2019, el cambio climático, la pandemia del covid-19, etc.

Si lo llevamos al mundo del management, y al rol de los managers y equipos en la organización, “no verlo venir” (en el dominio que sea) muestra una zona gigante de aprendizaje. Ciertamente, incluso, en ciertos casos, podría develar una incompetencia mayor en las formas de abordar la gestión.

“No verlo venir” en la organización

En el contexto organizacional, “no verlo venir” implica que aquellos supuestos sobre los cuales se ha estructurado la estrategia y planificación no estuvieron acertados, fueron errados o fueron insuficientes. Ya lo decía el Dr. Humberto Maturana “el dominio de la planificación es más restringido que el dominio de la vida”.

Podemos darnos una explicación que nos reste poder, como que estamos en contextos VUCA (volatilidad, incertidumbre (uncertainty en inglés), complejidad y ambigüedad) o BANI (quebradizo (brittle, en inglés) ansioso, no lineal, incomprensible), pero esa explicación solo nos llevará a que en otras circunstancias, dado que “el contexto es tan incierto” muy probablemente aparezcan nuevos fenómenos que no seremos capaces de vislumbrar.

Aprendizaje y anticipación organizacional

Esto tiene una raíz profunda en el aprendizaje. Hemos sostenido y seguimos sosteniendo aquellas prácticas que nos han funcionado en ciertos contextos y las vamos repitiendo como si fuera una fórmula para aplicar en cada oportunidad; pero bien sabemos que, si el contexto cambia, son las especies que mejor se adaptan aquellas que prevalecerán.

En las organizaciones serán aquellas capaces de aprender de lo vivido y de capitalizar ese aprendizaje para ampliar el repertorio de modos de abordaje para los desafíos que toca enfrentar.

La anticipación del futuro y las estrategias de diseño de futuro tienen mucho de eso en el trasfondo. Se hacen las preguntas:

  • ¿Cuál es el futuro emergente?
  • ¿Qué señales de cambio debemos tener a la vista para poder anticipar un posible cambio en los contextos?
  • ¿Cómo podemos ahora en el presente comenzar a facilitar que seamos actores que vayamos construyendo ese futuro deseado (entre muchos futuros posibles no lineales)?

Aprendizaje organizacional y capacidad adaptativa

Una gran pista está en nuestra capacidad adaptativa, aprender a responder con efectividad y agilidad a los movimientos del entorno; sabiendo que este es dinámico y estará, sí o sí, cambiando permanentemente. Eso nos permitirá modificar el rumbo que llevamos en pos de una mejor respuesta al entorno.

Y esto tiene que estar acompañado de una nueva capacidad de escucha que logre percibir más allá de las creencias y dogmas y que pueda seguir con atención aquellas pistas que están en el sistema para diseñar las estrategias necesarias. De esta forma, esta capacidad anticipatoria se convierte en una verdadera ventaja competitiva.

En estricto rigor, el covid-19, el estallido social y el calentamiento global (por poner solo algunos ejemplos) contaban con evidencia e investigación suficiente para haber tomado acción respecto a ellos; por lo tanto, “no lo vimos venir” es una mala explicación frente a fenómenos ante los cuales muchas organizaciones eran actores con poder de acción.

 

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