Mensaje del Papa: Desterrar la desesperanza y la desinformación

El mensaje del Papa en el Santuario de Maipú no solo apela a los jóvenes, sino a toda persona con ideas y ganas de aportar.

En esta cuarta columna sobre los mensajes del Papa Francisco en su visita a Chile, quiero comentar su encuentro con los jóvenes en el Santuario Nacional de Maipú, y referirme a tres temas que tienen que ver con el esfuerzo que debemos hacer para (1) No matar la ilusión de los jóvenes y, en general, de cualquier persona que sueña con un mundo mejor, (2) Abrir los ojos a la esperanza de quien no se valoriza como ser humano, y (3) Privilegiar la comunicación directa, sin pasar por intermediarios que distorsionan el mensaje.

Los sueños

  1. Promover los sueños, no matarlos: El Papa Francisco les habló a los jóvenes de sus sueños, de sus ideales, de sus corazones llenos de inquietudes, que los adultos no sabemos apreciar ni cultivar, y terminamos matando sus esperanzas. Los insta a no bajar la guardia y no permitir que los adultos los hagan callar.

El silencio de aquellos que estaban llenos de ilusiones y se dejaron vencer por la idea de que nada va a cambiar, y de los que piensan que las situaciones de injusticia seguirán siempre, porque siempre han existido, es una forma de corrupción.

El Papa no solo les habla a los jóvenes. También este mensaje lo pueden comprender muchas otras personas llenas de buenas ideas, que quieren que su empresa u organización funcione mejor, que se hagan mejor las cosas, que lo que va por mal camino se enderece.

Tienen un entusiasmo contagioso y una energía inmensa al ingresar a su nuevo trabajo, pero cuando se enfrentan a las trabas y la indiferencia, terminan cansándose y se dejan asimilar por la cultura del desinterés y el desgano.

Las frases que terminan adormeciendo toda ilusión son “siempre se ha hecho así” y “las cosas no van a cambiar”.

Urge hoy la pregunta respecto a si el lugar de trabajo es el espacio para crear, para promover ideas, para inventar, incluso a costa de equivocarse, o sencillamente un lugar para “matar el tiempo” y recibir el sueldo a fin de mes.

La esperanza

  1. “Yo no le hago falta a nadie”: Otro aspecto que le preocupa al Papa es que percibe que hay jóvenes que no se sienten parte de la sociedad, que no son protagonistas, que creen que no tiene sentido gastarse, que nada vale la pena, que da lo mismo hacer algo que no hacerlo, en el fondo que no tienen nada que aportar. Están encerrados en un mundo sin esperanza y sin ninguna oportunidad. Se ha enquistado en ellos la idea de que todo va a seguir igual, que las cosas no pueden cambiar.

Esa actitud pesimista que el Papa describe respecto a algunos jóvenes, también se puede dar en la vida familiar y empresarial. Ello no contribuye a lograr una sociedad mejor.

El Papa anima a los jóvenes a tomar cada vez mayor conciencia del aporte que hacen, que son valorados por muchas personas, como familiares, amigos y compañeros de trabajo, y que su actuar es relevante a la hora de transformar la sociedad.

Citando a San Alberto Hurtado, el Papa plantea que el consejo del diablo es “yo no le hago falta a nadie”.

En cualquier organización, todas las personas deben sentir que hacen una contribución única, y debe resultarles claro que su trabajo trasciende lo meramente material y tiene un impacto que incide positivamente sobre el bienestar de la sociedad.

Si lográsemos caer todos en la cuenta de que somos relevantes para otros, sin duda que podremos mirar la sociedad y mirarnos a nosotros mismos y entre nosotros de otra manera. Y creo que, en medio de tantos signos de corrupción, desesperanza y violencia, sin duda que nos hace falta apreciar el aporte que nuestra vida significa a los demás.

La relación directa

  1. Relación directa entre personas, sin mediadores ni filtros: Un tercer aspecto relevante del encuentro con los jóvenes es que los quiere escuchar directamente y saber exactamente lo que piensan y sienten. El Papa teme que las ideas e inquietudes de los jóvenes lleguen filtradas por aquellos que las transcriben. Por ello valoriza el encuentro cara a cara.

Francisco está planteando algo muy serio, que también vale para el mundo laboral y de la Iglesia. Quienes tienen responsabilidades de alto nivel y no tienen contacto con las personas que realizan el trabajo en terreno, muchas veces reciben información equivocada o sesgada de lo que realmente está pasando.

En una empresa, por ejemplo, lo común es que el presidente del directorio no llegue a enterarse si se está pagando menos a una persona por ser mujer o migrante, si se está cumpliendo con rigurosidad la ley en materia de subcontratación, o si hay respeto y buen trato entre las personas.

El Papa nos advierte que no siempre las mediaciones son las adecuadas para conocer la realidad.

Así como el Papa pide que los jóvenes se atrevan a interpelarlo y a decir lo que piensan, de la misma manera es bueno preguntarse si en nuestra vida laboral tenemos espacio para escuchar a los estamentos de la organización con quienes normalmente los directivos no se relacionan.

Escuchar a todas las instancias de una institución es un camino largo, sin embargo, es el único que garantiza conocer exactamente lo que está realmente pasando.

Muchos de los problemas en los distintos ámbitos de la vida social y eclesial se habrían evitado si hubiese habido menos filtros, y más y mejores canales de comunicación entre todos.

 





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