Más inteligencia emocional en tiempos de inteligencia artificial

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La inteligencia emocional consiste en gestionar de forma eficaz nuestras emociones, automotivarnos, reconocer las emociones en los demás y establecer relaciones positivas.

En el siglo XXI estamos en presencia de cambios demasiado rápidos y a veces caóticos. Tanto es así que cuesta predecir cómo será el mundo en 10, 15 o 20 años más.

Hoy casi todo está en movimiento, desde nuestra tecnología hasta nuestra forma de hacer transacciones, las formas de relacionarnos y lo que entendemos por familia.

Hablamos constantemente y de una forma muy apasionada sobre la inteligencia artificial, de los problemas éticos que están empezando a surgir y de las complicaciones que podrían derivarse de todo este progreso. También se habla de hacer máquinas capaces de sentir como los humanos.

Llamamos inteligencia artificial (IA) a la capacidad de resolver problemas de forma racional y lógica, a través de avances tecnológicos y máquinas computarizadas, lo cual supone una gran ventaja, pero también una amenaza para la parte de humanidad que hay en todos nosotros.

Diversos estudios advierten de la cantidad de trabajos que van a desaparecer, pues serán reemplazados por máquinas, por ejemplo: agentes de viajes, camareras, cocineros, guardias de seguridad, músicos, abogados, pilotos, médicos, enfermeros, dependientes de tiendas, recepcionistas, cuidadores, entre otros.

La paradoja es que a medida que la tecnología nos hace menos humanos, los esfuerzos de los científicos más preparados se centran en lograr que las máquinas simulen sentimientos humanos capaces de conseguir inteligencia emocional artificial; es decir, tecnología capaz de pensar y tomar decisiones.

Es posible que muchas de nuestras acciones puedan ser realizadas con mayor eficiencia y constancia por máquinas, pero la capacidad de establecer vínculos, de distinguir “dicha de quebranto” como dice Violeta Parra en “Gracias a la Vida”, de crear intuitivamente soluciones a problemas inesperados y finalmente ser felices solo lo podremos lograr en un contacto humano real.

Si bien la tecnología nos facilita la vida, la soledad, las heridas emocionales, los conflictos familiares necesitan del espíritu, de la conciencia plena, para que a través de la inteligencia emocional la vida pueda alcanzar la plenitud y la felicidad.

La inteligencia emocional: una tarea pendiente

La inteligencia emocional consiste en gestionar de forma eficaz nuestras emociones, motivarnos a nosotros mismos, reconocer las emociones en los demás y establecer relaciones positivas con otras personas.

Los grandes responsables de Google o Facebook han destacado en más de una ocasión que el currículum ya no lo es todo: la experiencia vital y las habilidades sociales priman sobre el conocimiento puramente técnico o educativo.

Aunque pueda parecer incongruente, las empresas y los expertos en recursos humanos actualmente pueden valorar más positivamente este tipo de habilidades que tener un expediente académico brillante. ¿La razón? Una persona con mayores dotes sociales será capaz de buscar las mejores estrategias para alcanzar el éxito, sea cual sea la empresa y en cualquier sector.

Estas habilidades transversales se vinculan a la inteligencia emocional. El objetivo de este tipo de inteligencia es conseguir en cualquier decisión un equilibrio real entre la parte racional (la que nos ayuda a analizar, evaluar y calcular) y la parte emocional (la que incluye sensaciones y sentimientos).

Entre las principales cualidades que se miden para diferenciar al buen trabajador del buen profesional están la empatía, el liderazgo, la gestión del cambio y las habilidades comunicativas. Las empresas quieren líderes que puedan persuadir y apoyar a sus compañeros a través de los sentimientos.

Es decir, a la hora de realizar sus procesos de selección, los conocimientos técnicos sí son imprescindibles, pero las habilidades personales para saber gestionarlos lo son todavía más.

Un líder inteligente emocionalmente es capaz de obtener lo mejor de las personas que colaboran con él, favoreciendo su crecimiento y creatividad, abriendo múltiples vías de acción que inevitablemente conducen, no solo a la prosperidad de cada uno de los miembros del equipo, sino de la organización.

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Nureya Abarca
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