Los mensajes del Papa Francisco a Chile y la Iglesia

Veamos los mensajes que el Papa nos está entregando para ser un mejor país y una mejor Iglesia.

Escribo esta primera columna cuando ya es inminente la llegada de los enviados del Papa a Osorno, monseñor Charles Scicluna y Jordi Bertomeu. La expectación por esta y su anterior visita son comprensibles por los graves hechos que ellos han analizado, que han sido fuente de dolor y vergüenza.

El Papa Francisco en su visita de enero de este año nos dejó importantes mensajes, opacados, con justa razón, por los hechos posteriores a su visita. Por ello, en las primeras columnas me referiré a lo que el Papa nos dijo en su visita. En columnas posteriores abordaré las lecciones que me ha dejado como obispo, los encuentros que tuvimos con él y la carta que les enviara a los católicos de Chile.

Son tres los mensajes que quisiera transmitir: (1) mirar la realidad en toda su verdad, (2) estar atento a las necesidades de los demás, especialmente al que más lo necesita, y (3) mirar la propia vida antes de juzgar a otros.

Si somos capaces de reflexionar sobre ellos con apertura de espíritu, de seguro nuestra vida personal, familiar y social, tendrán un mejor sabor y un mayor peso en humanidad.

Sano realismo para ver la realidad

Francisco es un realista. En efecto, frente a la realidad no cae en pesimismos estériles, pero tampoco en optimismos ingenuos. En sus palabras, en la reunión con consagrados en la Catedral de Santiago: “Siempre me gustó el estilo de los Evangelios de no decorar ni endulzar los acontecimientos, ni de pintarlos bonitos. Nos presentan la vida como viene y no como tendría que ser. El Evangelio no tiene miedo de mostrarnos los momentos difíciles, y hasta conflictivos, que pasaron los discípulos”.

El Papa nos invita a no evadir la realidad, sino a afrontarla tal cual viene. Nuestra tendencia natural es a adornarla para evitar experiencias que pueden atentar en contra nuestra o de nuestras seguridades. Es una inclinación natural de “protección del yo”, que introduce sesgos en nuestras apreciaciones y análisis de los que no siempre tenemos plena conciencia.

Alertas a las necesidades y dolor ajenos

El Papa, en Iquique, le pidió a la sociedad que estuviese atenta al acontecer social. Aludiendo a las Bodas de Caná dijo: “Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos migrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles ‘en regla’. Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias.”

Esta interpelación nos obliga a poner atención, a no ser indiferentes, respecto de lo que pasa en nuestro lugar de trabajo. Es tarea de todos y no solamente de quienes tienen responsabilidades ejecutivas o de alta dirección. ¿Cómo podríamos callar si por un lado la empresa promueve la responsabilidad social empresarial y por otro discrimina al migrante o a la mujer?

La paja en el ojo ajeno

Otro discurso notable del Papa en Chile fue el que pronunció en la cárcel de mujeres. Su presencia allí fue una forma de entrar en el corazón de la realidad humana, tan pronta a juzgar a los otros, de creerse superiores a los demás y hasta buenos.

Él, mirando el rostro de esas personas que prepararon con esmero su visita les dijo: “También me viene al corazón la frase de Jesús: ‘El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra’ (Jn.8,7)…. A ver, todos somos pecadores, todos tenemos pecados. No sé, ¿acá hay alguno que no tiene pecado? Levante la mano. Ninguno se anima a levantar la mano. Él nos invita… Jesús nos invita a dejar la lógica simplista de dividir la realidad en buenos y malos, para ingresar en esa otra dinámica capaz de asumir la fragilidad, los límites e incluso el pecado, para ayudarnos a salir adelante”.

Con que ligereza juzgamos y criticamos a los demás. Muchas veces lo hacemos para defendernos. Si lográsemos que los ambientes laborales y la sociedad estuviesen libres de rumores y de críticas injustas, sin duda que avanzaríamos mucho en generar espacios donde reluzca de mejor forma la dignidad del ser humano.

Una tarea pendiente que tenemos en nuestro país es aprender a decir lo que pensamos. Y a tener espacios donde podamos manifestar nuestras inquietudes, y sentir que son realmente escuchadas y adecuadamente atendidas.

 





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