Evolución del mercado laboral: desde “hacer carrera” hasta las “competencias”

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El mercado laboral experimenta transformaciones en consonancia con los grandes cambios de la sociedad. Hoy pesan más las competencias, incluso que el cartón.

En las noticias sobre el devenir de la política y la conducción cotidiana de las organizaciones gubernamentales, sociales y de negocios son frecuentes las críticas a personas que ocupan cargos relevantes en ellas.

A pesar de que la muchos de los criticados exhiben una exitosa carrera profesional, se afirma que cuentan con escasas competencias para desempeñar el puesto que les ha sido asignado.

Evolución del mercado laboral: “hacer carrera” y “cartón universitario”

La evolución del trabajo experimenta transformaciones en consonancia con los grandes cambios de la sociedad. Haciendo un veloz recorrido, es posible reconocer que la aspiración de las familias de la primera mitad del siglo XX era que sus hijos consiguieran un puesto en la administración pública o en grandes empresas privadas donde podrían “hacer carrera”.

En esas organizaciones se premiaba la antigüedad y los funcionarios iban ascendiendo hasta el momento de su jubilación. Por eso, fueron años de funcionarios burocráticos.

Durante la década de los setenta del siglo recién pasado, se produjo una importante profesionalización de las organizaciones que se tradujo en que los puestos de jefatura, por ejemplo, debían ser ocupados por profesionales.

Por eso, la aspiración de las familias de clase media pasó a ser que sus hijos lograran un “cartón universitario”.

Competencias más que cartones

Pero las transformaciones sociales no se detienen. El mercado laboral hoy en día busca “competencias” más que “cartones”; estos últimos sólo certifican que su titular ha adquirido los conocimientos necesarios para desempeñarse como profesional.

Las organizaciones actuales, sin embargo, requieren que sus integrantes cuenten con el conocimiento, los recursos y la actitud necesarios para responder a las siempre cambiantes exigencias del mercado. Es decir, saber-poder y querer.

Evolución del trabajo y de la demanda están ligadas

Ha habido, más bien, un proceso de aumento de las exigencias íntimamente relacionado con el proceso de evolución de la demanda que enfrentan las organizaciones productivas y de servicio.

Una primera etapa consistió en ofrecer a la población productos y servicios básicos, tales como salud, educación, vestimenta y vivienda. Para hacerlo era necesario que los empleados de las organizaciones conocieran los productos y servicios ofrecidos y que, según ascendían, adquirieran capacidades de coordinación y administración.

En un segundo momento, las organizaciones ampliaron y diversificaron sus ofertas, para atender clientes más exigentes, que requerían recibir productos y servicios especializados. Esta nueva realidad condujo a la profesionalización de los niveles medios y superiores de los sistemas organizacionales. Y, por cierto, a la exigencia de enseñanza media como requisito mínimo de ingreso al empleo.

Los cambios del mercado laboral no han sido rupturas que hayan declarado obsoletas las habilidades y conocimientos requeridos en el período anterior. Las nuevas demandas se han edificado sobre las anteriores. En efecto, para ofrecer productos y servicios básicos se requería niveles de educación que se podían adquirir en el desempeño mismo.

Cuando las demandas se hicieron variadas fue necesario contar, además, con personas educadas profesionalmente en universidades e institutos de formación superior. A estos conocimientos requeridos se agregan hoy competencias tales como iniciativa, orientación al cliente, relaciones humanas, liderazgo, comunicación y otras semejantes.

Características del mercado laboral: los empleos públicos

Particularmente el sistema de selección de empleos públicos ha emigrado a un sistema altamente exigente. En este, el uso de predictores tales como los instrumentos psicométricos ya no dan respuesta adecuada para proyectar un desempeño futuro.

Hoy se ha instalado, dentro del proceso, las entrevistas por competencias que permiten proyectar un comportamiento futuro en base al comportamiento del pasado. Entonces, la experiencia se releva y ante cargos de alta responsabilidad, resulta decidor el desempeño pasado.

Acaso entonces, ¿es posible que la falta de competencia atribuida a muchos connotados profesionales que han sido llamados a desempeñar cargos de notoriedad pública se refiera a estas últimas cualidades?

 

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