El modelo del desarrollo chileno está en la polémica

Es equivocado pensar que Chile debe reducir la dependencia de los recursos naturales. El modelo del desarrollo chileno está en la polémica. Hay que distinguir la paja del trigo.

Decíamos en el artículo “La maldición de la minería en Chile”, que a esta actividad solo se la tolera, a pesar de sus múltiples aportes al país, y que tampoco se visualiza la oportunidad que representa para nuestro desarrollo futuro.

Entre las causas que explican tan insólita situación, hacía referencia a la tesis llamada “la maldición de los recursos naturales”. Esto es, los países ricos en recursos, muy escasamente alcanzan el estatus de país desarrollado.

En las últimas semanas ha surgido una polémica entre economistas (con una fuerte connotación política) que pone en el centro de la discusión si Chile debe seguir apostando para su desarrollo en los recursos naturales. O bien, si debe reducir su dependencia de los mismos y complejizar su matriz productiva, estimulando el desarrollo industrial como base para un crecimiento sostenido.

Este enfrentamiento, a ratos muy ácido, está salpicado de abundantes citas de especialistas y organizaciones internacionales que aconsejan a nuestro país uno u otro camino. En mi opinión (de ingeniero nada más), el argumento más interesante es el Índice de Complejidad Económica de Harvard elaborado por César Hidalgo y Ricardo Haussman (1).

Afortunadamente, el propio profesor Hidalgo (2) ha terciado en la acalorada discusión. Y ha dejado en claro varios de los errores en que han caído sus intérpretes, en particular los partidarios de una activa política industrial por parte del Estado.

Quisiera resaltar tres de estos errores de interpretación, por su importancia para el sector minero.

Modelo de desarrollo chileno: ¿Abandonar las materias primas?

En primer lugar, dice que “…hay muchas personas que creen que (la complejidad económica) implica abandonar las materias primas, lo cual no es cierto. Chile puede sumar actividades económicas más complejas sin la necesidad de abandonar estas actividades que sí son rentables”.

Esta declaración pone punto final a las tesis de aquellos adversarios de la actividad minera. Arremeten contra ella sin considerar el tremendo empuje productivo y económico que ha sido para Chile.

En efecto, no se entiende el desarrollo de los últimos treinta años sin el extraordinario aporte de la minería, no solo en recursos al Estado o el avance de las zonas mineras, sino también en el dinamismo que sus inversiones imprimen a otras actividades económicas.

La minería explica más de un tercio de la inversión extranjera directa, cerca del 10% de los ingresos fiscales en los últimos 10 años. Y, sin ir más lejos, para los años 2020-2024, con algo más que US$ 19.500 millones (3), es el sector económico con el mayor monto de inversiones programadas.

¿Los ricos en recursos naturales no pueden ser ricos?

Un segundo comentario del profesor Hidalgo a destacar: “…hay gente que cree que la relación entre complejidad económica y crecimiento implica que los países ricos en recursos naturales no pueden ser ricos. Eso tampoco es cierto”.
Apoyando esta afirmación, Chile, impulsado por su modelo basado en recursos naturales, entre 1990 y 2018 se ha posicionado como el país más rico de América Latina, de mayor desarrollo humano (IDH) y esperanza de vida, de menor pobreza, entre otros indicadores internacionales.

Y para quienes creen que el “barrio” nunca ha sido una medida correcta, además ha sido capaz de crecer más que Australia, Canadá y Nueva Zelanda, países con un enfoque exportador equivalente e incluso más que la tan admirada Corea del Sur, medido en PGB per cápita (4)

PGB per cápita

Figura PGB per capita varios paises, el modelo de desarrollo chileno
Agregar valor a la materias primas: Mala idea

Y la última afirmación que quisiera destacar: “…un malentendido clásico es pensar que la ruta al desarrollo es agregarles valor a las materias primas…. la evidencia nos dice que es una idea inocente… los datos muestran que los encadenamientos más exitosos van hacia atrás en la cadena de valor”.

Resulta alentador que la evidencia empírica se muestra a favor del planteamiento esbozado en mi artículo anterior en orden a que el mayor valor agregado está en las primeras etapas de transformación del cobre. Y no es necesariamente una buena idea para las compañías mineras (aunque puede serlo para otros actores) invertir en fundiciones, refinerías o fábricas de alambrón, sino que el camino es fortalecer el desarrollo “aguas arriba”, con proveedores y contratistas mineros que aprovechen el tamaño del mercado minero chileno.

Modelo de desarrollo chileno: Obstáculos evidentes, pero…

Resulta evidente que nuestro país tiene obstáculos serios si pretende seguir por la senda virtuosa del desarrollo, y nadie pretende desconocerlos. Basta mirar las cifras de crecimiento cada vez más bajas, el frenazo que ha tenido la productividad a partir del año 2005-2006 y que hasta hoy no hemos sido capaces de revertir, la desigualdad económica y sus consecuencias en educación, salud, ciudades, pensiones, etc., entre otros graves problemas a resolver.

Pero no equivoquemos el diagnóstico. Superar estos desafíos no significa echar por la borda un modelo que ha dado prosperidad y riqueza. Y que, además, todavía puede hacerlo por muchos años más. Hay que reforzarlo y aprovecharlo en toda su extensión.

¿Qué hacer, entonces?… continuará en un próximo artículo.

Referencias:
1. https://atlas.cid.harvard.edu/
2. Mitos y verdades de la complejidad económica, César Hidalgo, Ciper Chile.
3. Corporación de Bienes de Capital (CBC).
4. World Bank.

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Marcos Lima
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