El cuidado del bien común en tiempos de pandemia

El bien común en tiempos de pandemia incluso grava a la propiedad privada con una hipoteca social.

El bien común se refiere a la serie de condiciones que ha de tener la vida social para que las personas y los grupos puedan alcanzar su plenitud. Esto es, avanzar al máximo en su perfeccionamiento y conseguir los fines que se han propuesto.

El bien común, a veces, exige sacrificios, como la restricción de algunas libertades, pero tiene pleno sentido cuando ello implica: (1) La consecución de un bien superior, como es resguardar la salud de la población; (2) Evitar males mayores, como la expansión de la pandemia, o (3) Custodiar un bien, como es evitar que las personas sanas se contagien.

En una empresa, el bien común puede exigir esfuerzos de todos sus miembros como, por ejemplo, el de rebajarse los sueldos temporalmente para compensar el deterioro de las ventas y evitar así la quiebra, que implicaría males mayores y más permanentes.

Es tarea del orden político generar las instancias para que el bien común prevalezca por sobre el bien individual. Ello implica un claro rechazo a las personas que quieren lucrar en tiempos de desgracia, ya sea acaparando, especulando o de otra forma. Es tarea de la autoridad velar que las acciones de los ciudadanos vayan siempre en la línea de la consecución del bien común.

Sobre la propiedad privada grava una hipoteca social

El hecho de que el Ministerio de Salud de Chile administre todas las camas de los hospitales y clínicas privadas, así como los insumos, es una buena decisión. No se niega en absoluto con esta medida el derecho a la propiedad privada, sino que prevalece el principio que sobre los bienes privados grava una hipoteca social y que las decisiones que se han de tomar han de ser estrictamente médicas pensando siempre en el bien de paciente. Sería dramático que una muerte más por el Codiv-19, sea causada por la pobreza, o por haber sufrido alguna injusta discriminación a la hora de optar por un tratamiento.

La pandemia y su impacto en distintos grupos socioeconómicos

Desde esa mirada amplia y global de la situación, la autoridad sanitaria ha de evitar por todos los medios que aquellas personas que tienen más recursos económicos tengan mayores posibilidades de curación que los más desposeídos.

La categoría “enfermo” y el cuidado que en cuanto tal merece ha de prevalecer por sobre su situación social, económica, étnica, sus creencias religiosas o sus gustos personales. En estas circunstancias, el Principio del Destino Universal de los Bienes que promueve la Doctrina Social de la Iglesia adquiere plena vigencia.

Especial preocupación ha de tener la autoridad con los que están privados de libertad. El castigo es no permitir la libre circulación para evitar nuevos delitos, pagar su culpa y que se puedan reintegrar a la sociedad, pero no por ello pierden su dignidad y los derechos que tienen como seres humanos. El curarse y hacerse curar es uno de ellos.

Muchas personas, gracias a su situación económica, pueden durante la cuarentena comprar víveres a través de los canales de distribución online, trabajar por los mismos medios y llevar una vida segura en este tiempo donde salir de casa es un riesgo. Además, suelen contar con apoyo familiar y redes sociales.

Sin embargo, hay un grupo importante de personas que no tienen ninguna posibilidad de quedarse en sus casas, porque si lo hacen, sencillamente no tendrán qué comer ni ellos ni sus familias. Tampoco tendrán como pagar las cuentas. La pandemia ha dejado de manifiesto la fragilidad de la vida de muchas personas en el ámbito social y económico.

Este grupo, adquiere mayor dramatismo entre los migrantes, personas con algún tipo de discapacidad, quienes viven en la calle, adultos mayores solos, vendedores ambulantes, así como aquellos que realizan trabajos domésticos y quienes tienen pequeñas empresas para subsistir.

Esas personas, que de alguna u otra manera se las arreglaban, al menos para alimentarse, hoy no lo pueden hacer. En una próxima columna presento la solidaridad y la subsidiariedad, que es la forma de enfrentar estas carencias.

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