Derechos de los trabajadores: ¿Cuáles son las responsabilidades de la empresa?

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Uno de los derechos fundamentales del trabajador es el de una remuneración justa, pero no es el único.

A propósito de la crisis social que vive Chile, los invito a reflexionar sobre los derechos de los trabajadores. En esta columna veremos las responsabilidades de la empresa, y en otra, que puedes leer aquí, las del Estado.

El bienestar de un país no se puede medir exclusivamente por la cantidad de bienes y servicios producidos, sino que es preciso observar también el modo en que son producidos y el grado de equidad en la distribución de la renta.

Ello significa que debemos analizar qué pasa cuando un país crece económicamente y junto a ese crecimiento se distancian las rentas de los menos, que tienen cada vez más, y los más, que tienen cada vez menos. A partir del modo de distribución de la renta que impera en Chile, me atrevo a afirmar que no es el bien común el que ha prevalecido en la sociedad chilena, sino el bien individual. Esto, sin duda, que ha impactado en el tejido social.

Bien común: no es la suma de los bienes individuales

Es un error pensar que el bien común es la suma de los bienes individuales de cada uno. El bien común surge del compromiso colectivo de hacer prevalecer un proyecto compartido, que favorece a todos, por sobre los proyectos individuales. Cuando no existe esta base en el ser de la patria, van a presentarse males como las grandes diferencias que se aprecian en los salarios en el país, con desmedro para las familias de los más desfavorecidos.

No es bueno que las decisiones al interior de la empresa se tomen solo mirando la calculadora, para analizar si hay ganancias o no, sin dar la debida consideración a la brújula que indica hacia dónde va la empresa y cuál es el aporte y el impacto que sus acciones tienen sobre el bien de los trabajadores y del país.

En esta columna me quiero referir a las responsabilidades que le caben a la empresa para que se dé una relación de trabajo acorde con la dignidad trascendente de la persona y la igualdad fundamental de todos. Lo que se le pide a la empresa y al Estado va de la mano con la responsabilidad de cada uno de nosotros de hacer bien nuestro trabajo, tener un constante espíritu de superación y promover nuestras habilidades, destrezas y dones para ofrecerlos a los demás con responsabilidad y diligencia.

El papel de la empresa

Uno de los derechos fundamentales del trabajador es el de una remuneración justa que, como vimos en una columna anterior (que puedes leer aquí ) debe permitirle llevar una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, y debe tener en cuenta el puesto de trabajo, la productividad, las condiciones de la empresa y el bien común.

“La remuneración es el instrumento más importante para practicar la justicia en las relaciones laborales”, según nos recuerda la Doctrina Social de la Iglesia.

Desde este punto de vista, un buen sindicato constituye una ayuda importante para la empresa, pues, al conocer muy de cerca la realidad que viven los trabajadores, colabora para atender mejor sus necesidades y lograr mayores niveles de equidad.

El salario pactado no puede quedar supeditado a la ley de la oferta y la demanda. La razón de ello es que el trabajo lo realiza un ser humano, por lo que no es una mercancía. El simple acuerdo entre el trabajador y el empleador no es suficiente para calificar de justa una remuneración. La razón de ello es que la justicia natural, la cual define lo que le corresponde al trabajador para vivir dignamente, es anterior y superior a la libertad para convenir un contrato.

Para que haya justicia social, no basta que haya justicia conmutativa, porque el simple acuerdo entre las partes puede generar diferencias demasiado grandes entre las remuneraciones de una persona y otra. Ello debido a que, para una persona en estado de privación, sus necesidades son tan apremiantes, que podría estar dispuesta a aceptar lo que se le ofrece, aunque sea profundamente injusto.

Y esta situación se presta para abusos, especialmente de las personas más vulnerables como los migrantes, las mujeres jefas de hogar y los niños. Es por esta razón que es tan importante reconocer que el trabajo, en primer lugar, lo realiza una persona, cuya dignidad ha de ser respetada.

Educación, descanso y salud

Un derecho clave de toda persona es el derecho a la educación. No resulta justo, por ejemplo, que esta dependa de la remuneración del padre o de la madre. Si todos los seres humanos tenemos la misma dignidad y el derecho de desarrollar nuestras capacidades, significa que todos debiésemos acceder a una educación de calidad, independiente de la familia donde se ha nacido.

Creo que la empresa puede hacer mucho en este campo, colaborando en la educación de los hijos de sus trabajadores. Hay ejemplos en Chile que han dado muy buenos resultados.

Otros derechos importantes de los trabajadores son el descanso y a trabajar en lugares que no impliquen un peligro para su salud y no dañen su integridad moral. Y es fundamental que, a raíz la labor que realiza, el trabajador no se vea obligado a actuar en contra de su conciencia y sus principios morales y religiosos, ni menos a atentar en contra de su propia dignidad.

Es sabido que un trabajo extenuante, con horarios largos y de alta exigencia, produce en las personas situaciones de tensión no fáciles de soportar.

Ello afecta no solo a la persona que trabaja, sino que también a su familia y relaciones sociales. Por esto es que el descanso es parte integral de la vida laboral.

Por otro lado, dado que la salud de la persona prevalece por sobre los bienes y servicios que se producen, sería una contradicción que en una empresa la materia prima salga convertida en un bien de consumo para quien lo adquiera, pero quien lo fabricó termine enfermo. La inocuidad de los procesos productivos es un imperativo moral y debe ser adecuadamente certificada.

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