¿Cómo afectan la tecnología y la globalización a la economía?

Todas las revoluciones industriales han implicado un cambio en la manera de producir, en la forma de vida y en la distribución de la riqueza.

A través de la historia, los grandes cambios tecnológicos han transformado las economías que han sido principalmente afectadas por ellos. En efecto, la primera y segunda Revolución Industrial transformaron los procesos productivos, el número de horas dedicadas al trabajo, la demanda por tiempo libre, la composición de la producción, las demandas por capital humano, la distribución del ingreso y la riqueza, la creación del conocimiento, creación de nuevas tecnologías, etc.

Hoy se habla de la tercera Revolución Industrial (algunos incluso la separan en tercera y cuarta), la que está asociada a conceptos como la digitalización, la tecnología de la información, la inteligencia artificial, la automatización, etc. Esta nueva revolución también cumple con el requisito de ser disruptiva en varios ámbitos de la estructura productiva y de la vida diaria.

Los cambios han sido dramáticos en muchos sectores de las economías desarrolladas y también en vías de desarrollo. Solamente a modo de ejemplo, la agricultura ocupaba un 41% de la fuerza de trabajo en los Estados Unidos en 1900 mientras que en 2000 solamente el 2% de la fuerza laboral estaba en ese sector (Autor, 2015).

Para la economía chilena sucede algo menos drástico, pero no menos importante. En 1900 un 40% de la fuerza de trabajo se empleaba en la agricultura, mientras que en 2000 dicho porcentaje alcanzaba al 12% (Díaz, Lüders y Wagner, 2016). La mecanización ha generado importantes aumentos de productividad que se han traducido en el uso de tecnología que ahorran trabajo, es decir, que reducen el empleo.

El ejemplo anterior también se ha observado en otros sectores. El descenso en el empleo manufacturero a partir de mediados de los 70 hasta ahora en los Estados Unidos es otra muestra de cómo la estructura productiva en ese país ha ido cambiando en el tiempo.

¿Pero cuánto de esto se debe a los cambios tecnológicos y cuánto a la globalización? Es una pregunta relevante pero difícil de responder, aquí solamente exponemos algunos aspectos para la discusión.

Otro de los tantos elementos que ilustran los cambios ocurridos en el tiempo es la evolución en el número de horas trabajadas y el salario por hora en la economía norteamericana. Entre 1950 y 2018, las horas trabajadas por semana disminuyeron en 14%, mientras que el salario por hora aumentó en 167% en términos reales.

No obstante, en las primeras dos décadas de este siglo, el salario por hora se ha mantenido relativamente constante en términos reales, lo que ha redundado en otro hecho interesante que se observa en los países desarrollados: la disminución de la participación del ingreso laboral en el ingreso nacional. Esto se complementa con fuertes cambios en la distribución de salarios dentro de la fuerza laboral cuando se analiza por niveles educacionales.

El futuro de los empleos y los salarios

Los grandes cambios tecnológicos han tendido a ser ahorradores de trabajo en muchos sectores, por lo cual se esperaría ver disminuciones de salarios reales o aumentos en las tasas de desempleo o ambos. Pero no es el caso. Los salarios reales se han incrementado a lo largo de todo el siglo XX y las tasas de desempleo que fluctúan con los ciclos están hoy en 5,2% promedio para los países de la OCDE.

A grandes rasgos, podemos decir que las revoluciones industriales no destruyeron el empleo como un todo (desaparecieron ocupaciones y aparecieron nuevas), aumentó el salario de los trabajadores y cambió la estructura productiva de las economías.

 

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Rodrigo Fuentes
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