Carta del Papa a los obispos chilenos: Reconocer, pedir perdón, enmendar y reparar

La carta del Papa a los obispos chilenos tiene lecciones no solo para la Iglesia chilena.

Estando reunidos en Asamblea Plenaria, los obispos de Chile recibimos una carta de Papa, en abril de 2018 (leer aquí)  que pidió expresamente que se hiciera pública. Son muchos los eventos que han ocurrido, antes y después de esa carta, por ello me ha parecido aconsejable en esta sexta columna reflexionar sobre las lecciones que podemos extraer de su lectura y del camino que el Papa nos ha señalado en ella.

La carta nos ofrece una pauta sobre cómo actuar en casos de error, equivocaciones y pecados, para corregir el daño y mirar al futuro con esperanza. El camino trazado para ello se basa en cuatro pasos: reconocer el error, pedir perdón, enmendar el rumbo y reparar el daño.

En su carta el Papa reconoce que ha incurrido en graves errores de valoración y percepción de la situación (se deduce en la carta que es a propósito del modo como se actuó con las personas que hicieron denuncias de abusos de toda índole). La razón de los errores está en la falta de información veraz y equilibrada.

El Papa no se queda solamente en reconocer su error, sino que pide perdón a aquellos que ofendió. Sin duda que este gesto es conmovedor. También es conmovedor que en nombre de la Iglesia le pide perdón a aquellos que sufrieron abusos.

Las personas, incluido el Papa, pueden hacer juicios equivocados respecto de ciertas situaciones y, en consecuencia, tomar decisiones erróneas. Eso puede pasar. Pero lo importante es reconocerlo y enmendar el rumbo, reparar el daño causado y mirar el futuro con esperanza.

Lecciones para el mundo del trabajo

Esta situación traumática para muchas personas también puede darse en el mundo del trabajo y bien vale la pena analizar cómo aplicar las lecciones del Papa en este contexto.

Analizar la veracidad de la información

Resulta razonable, para quien tiene que tomar decisiones, preguntarse si las fuentes de información de que dispone son fidedignas, son veraces. También es lógico preguntar acerca de los canales de información y qué ponderación le da a cada uno para tomar decisiones, aunque en una sociedad hiperinformada, en la cual la información llega por cientos de canales, tanto formales como informales, es más difícil ponderar de manera adecuada cada uno de ellos.

La lección que nos deja el que el Papa haya tomado decisiones de las cuales después se arrepintió por no haber tenido plena conciencia de las imprecisiones en la información que le dieron, es que resulta imprescindible juzgar la calidad de nuestras fuentes de información.

Hacer resplandecer la verdad

El otro aspecto relevante de la carta mencionada es el hecho de que para el Papa lo que vale es hacer resplandecer la verdad de los hechos y actuar en consecuencia. Es por ello que invitó a los obispos a Roma para realizar un discernimiento que permitiera restablecer la confianza y al mismo tiempo, y esa es tarea de él en cuando sucesor de Pedro, impulsar medidas a corto, mediano y largo plazo que permitan recuperar la confianza, reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia.

No dejar que el dolor nos paralice

El Papa está adolorido, avergonzado por lo que ha sucedido al interior de la Iglesia, pero no se paraliza frente a ello, sino que actúa y lo hace en primera persona. Incluso carga sobre sí los pecados de los demás.

El Papa dio el tono de cómo actuar al reconocer que se ha equivocado, pedir perdón, y esforzarse por reparar el daño. Es un acto de justicia, al que pidió que nos sumáramos todos de manera solidaria.

Este ejercicio que requiere de mucha humildad y magnanimidad es la condición de posibilidad de que el otro acepte el perdón y se reconcilie. Sin petición de perdón, sin acoger el perdón es imposible lograr la anhelada paz.

Del mismo modo, si nosotros nos hemos equivocado al tomar decisiones, debemos siempre estar abiertos a pedir perdón.

No hay espacio para abusos

Son muchas las situaciones delictuales e inmorales que realizan algunas personas al interior de una institución. En Chile las conocemos de sobra. Están en los más amplios espacios de la vida pública, política, policial y empresarial. La Iglesia no está libre de ello, así como tampoco las familias, los vecindarios, etc.

Creo que al país le haría bien un discernimiento de esta índole y sentir vergüenza por lo que no hemos hecho bien, como por el dinero mal habido que les pertenece a tantos chilenos, o por leyes que podrían haber favorecido indebidamente a empresarios que financiaban campañas políticas.

Ello requiere sin duda un cambio muy profundo de cada uno de nosotros, exige no andar a la defensiva en la vida, sino que siempre estar atento a reconocer cuando se ha actuado mal.

Necesitamos que haya protocolos claros a la hora de abordar una situación concreta, pero sobre todo la convicción de que no hay espacio para abusos de ninguna índole en ninguna parte.

Esa es la meta que hemos de proponernos pues será la única forma de hacer resplandecer la dignidad del ser humano. Con esta condición tendremos una sociedad verdaderamente civilizada.

 





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