Adaptación organizacional: “El covid-19 ha sido un catalizador”

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La adaptación organizacional es un proceso constante, no un objetivo ni un lugar donde llegar, destaca especialista.

Pablo Reyes Arellano
Pablo Reyes Arellano

Desde el punto de vista de la adaptación organizacional, no es suficiente considerar el covid-19 solo como un desafío técnico. Es adaptativo. Estamos viviendo un cambio profundo en la manera de habitar el mundo.

Así lo plantea el profesor Pablo Reyes Arellano, quien dicta el curso de Evolución organizacional (online) en Clase Ejecutiva UC, al ser consultado sobre cómo las organizaciones están respondiendo al tsunami de la pandemia.

—¿Qué es la adaptación organizacional?

“La adaptación es un proceso que sucede entre las condiciones de vida y la forma en que un ser vivo las aborda. Podríamos decir que hay adaptación, cuando el modo en que logramos sobrevivir en esas condiciones que nos tocan funciona y se puede seguir haciendo de esa forma sin mayores tensiones”.

“La adaptación organizacional tiene el mismo sentido. ¿Cómo estamos abordando las condiciones de vida (contextos, prioridades, sociedad, etc.) que nos están tocando vivir? ¿Nos permite seguir haciendo las cosas del mismo modo sin mayores tensiones? o ¿Nos estamos viendo presionados a cambiar la forma de ver y actuar?”.

— ¿Qué diferencia hay entre adaptación organizacional y adaptación al cambio organizacional?

“Con adaptación organizacional nos referimos a una interacción permanente entre el sistema social, en este caso una ‘organización’, y el contexto en el cual está operando. Adaptarse es vivir”.

“En cambio, la adaptación al cambio organizacional es un concepto más restrictivo. Podríamos, por ejemplo, tener que adaptarnos a la estabilidad organizacional”.

“La lógica de ‘adaptación al cambio’ tiene en el trasfondo un resistirse. Aparecen ‘memes’ (en el sentido de la transmisión de conceptos e ideas) tales como ‘resistencia al cambio’, ‘gestión del cambio’, ‘procesos de cambio’. Todo en un lenguaje que opera con la metáfora de la organización-máquina”.

Adaptación organizacional: Las tensiones del covid-19

— ¿Cómo calificaría la adaptación de las organizaciones ante la crisis sanitaria?

“El covid-19 ha sido un gran catalizador de cambios. En los procesos de adaptación, las especies se ven tensionadas cuando cambian las condiciones de vida, y el covid-19 ha sido un cambio gigantesco en nuestras condiciones conocidas”.

“Todos nos hemos visto forzados a adaptarnos a esta nueva realidad. Organizacionalmente se han generado grandes cambios y aprendizajes. Sin embargo, en la mayoría de los casos, esto ha sido tomado como un desafío técnico y no un desafío adaptativo”.

“La pregunta central de las organizaciones es ¿cómo podemos seguir haciendo lo que hacíamos en estas nuevas condiciones?, buscando de alguna forma asegurar el flujo de ingresos y la continuidad operacional”.

“Esto es necesario, pero insuficiente, ya que lo que está cambiando profundamente es la forma que tenemos de habitar el mundo. Y eso conlleva un cambio sustancial en las valoraciones, las estructuras de prioridades, etc.”.

— ¿Hay diferencias dependiendo de si se trata de empresas o instituciones públicas?

“En el caso de lo público el proceso ha sido más duro porque estas organizaciones están sujetas a una legislación que es mucho más restrictiva, por lo que cambiar modos y estructuras no es tan fácil como la decisión del CEO. Sin embargo, he visto gran compromiso de poder sostener esto independiente de las condiciones”.

La adaptación es un proceso permanente

— ¿Qué aspectos positivos destacaría de las empresas que han logrado adaptarse?

“No sé si hay empresas que ‘han logrado adaptarse’. Adaptarse es un proceso permanente de la vida, es flujo, es movimiento. No es un objetivo ni un lugar dónde llegar. Ese ha sido uno de los grandes problemas de las empresas, pensar que esto es un evento, algo transitorio y no aprovechar de ver que sus modelos de futuro, gestión y planificación, solo funcionan en contextos acotados y estables”.

“Podría destacar ciertas prácticas adaptativas necesarias. Algunas empresas han logrado comenzar a avanzar en esa línea. Por ejemplo, la autogestión, el aprendizaje continuo y la gestión emocional” (ver detalles al final de esta entrevista).

— ¿Qué aspectos negativos o pendientes observa en las organizaciones respecto de la adaptación a la crisis?

“Hay muchos pendientes. Estamos en un mundo organizacional que tiene de trasfondo sistemas de paradigmas orientados al orden y al logro. Dos paradigmas muy útiles para la revolución industrial, pero absolutamente insuficientes para los desafíos actuales”.
“Comenzar a cambiar el lenguaje pasando de la ‘máquina organizacional’ a el ‘ser vivo’ de la organización puede traer grandes insights. Pero eso conlleva cambios en las formas de distribuir el poder, de gestionar, de hacerse cargo y sobre todo de conectar con el propósito”.

—Algunos han calificado el teletrabajo como la nueva esclavitud. ¿Cómo hacerlo más amigable?

“Trabajar conectado a internet desde la casa no vendría siendo en estricto ‘teletrabajo’, ya que no están necesariamente las condiciones de espacio, tiempo, conectividad, etc. que garanticen que eso se pueda hacer”.

“Muchos hemos tenido que aprender a agendar de nuevo. Antes teníamos desplazamientos entre actividad y actividad, pausas. Ahora varios hemos caído en una reunión tras otra y no nos está dando para sostener ese ritmo”.

“Para hacerlo más amigable tenemos que entendernos como seres humanos y no como tuercas y engranajes de una máquina que debe seguir funcionando. Y para eso es necesario reconocer nuestras necesidades de comunidad, descanso, conexión, sentido”.

—¿Qué es la evolución organizacional?

“La evolución organizacional es un proceso permanente de adaptación y cambio. La evolución sucede cuando hay herencia, variación y selección”.

“Organizacionalmente la herencia es en parte la cultura y los procedimientos; la variación, cómo lo hacen los distintos individuos dentro de ella, y la selección sucede en función de los resultados”.

“El proceso de evolución al que estamos arrojados tiene que ver con reconocer que hemos pasado por diversos estadios organizacionales (con foco en la seguridad, en el poder, en el orden, en el logro y últimamente en la sensibilidad)”.

“Cada uno de esos estadios tiene solo una parte del puzzle, por lo que requerimos integrarlos evolutivamente reconociendo sus luces y sombras y gestionándolos de la forma más flexible que seamos capaces”.

Buenas prácticas adaptativas

Pablo Reyes recomienda tres buenas prácticas adaptativas a propósito de la crisis sanitaria u otras:

1. Autogestión

La autogestión es la capacidad de distribuir poder y responsabilidad en un contexto no presencial.

2. Aprendizaje continuo

El aprendizaje continuo implica bajar las barreras a adquirir nuevas competencias y herramientas que faciliten el proceso.

3. Gestión emocional

La gestión emocional es quizás la más importante de todas. Reconocer que los seres humanos bajo estrés operamos de forma distinta. Y un nivel de estrés que contiene el miedo a la muerte (propia o de algún conocido o cercano), sostenido por mucho tiempo, puede generar grandes daños a la salud mental de las personas (sin hablar del confinamiento y sus consecuencias).

Entonces la capacidad de gestionar los propios estados emocionales y más allá, los estados emocionales organizacionales, es un tremendo avance en materia de adaptación.

 

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