Por qué nos importa China

Por qué nos importa China

Para seguir manteniendo elevadas tasas de crecimiento económico, China tiene el desafío de avanzar en sus reformas.

Hoy existe inquietud mundial por las consecuencias globales que tiene la desaceleración económica de China.

Después de crecer a una tasa promedio de algo más de 10% entre 1991 y 2014, en el año 2015 registró, por primera vez en 25 años, una tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) menor al 7%, de 6,9% según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional.

Para este año 2017, las perspectivas de crecimiento a corto plazo de China del FMI han sido revisadas al alza gracias al estímulo proyectado de la política económica, pero persisten los riesgos de desaceleración.

Motor de la economía mundial

En la última década y media, China ha sido uno de los motores que han tirado el desarrollo de la economía global. Desde 1990, el tamaño de su economía se ha multiplicado más de diez veces. Pasando de ser la décimo segunda economía más grande del mundo, por debajo de Brasil y México, a ser la segunda economía más grande del mundo.

Hoy, con cerca del 13,4% del valor de la economía global en dólares corrientes, por debajo de EE.UU. que llega al 22,5%.

Así, China creciendo a tasas del 10% le agrega a la economía global 1,3% de crecimiento, pero bajo el 7%, su aporte se reduce a la mitad.

Menos demanda de materias primas y energía

Por qué nos importa tanto. Porque los efectos de la desaceleración y menor crecimiento de China se han visto reflejados en diferentes ámbitos, como, por ejemplo, en el menor crecimiento proyectado en la demanda de materias primas y energía, y la caída en sus precios, que han afectado negativamente los ingresos y presupuestos de los países exportadores de materias primas y energía. Como es el caso del cobre.

Para seguir manteniendo elevadas tasas de crecimiento económico, China tiene el desafío de avanzar en reformas donde se racionalice la toma de decisiones en sus empresas. Se eliminen los subsidios que reciben las empresas de propiedad estatal.

Y se promueva el buen funcionamiento de los mercados, para que la oferta y la demanda encuentren su equilibrio sin distorsiones. Y con ello, los precios reflejen la verdadera escasez de los bienes y servicios.





¿Te gustó? Compártelo en tus redes

Artículos más recientes del autor