El conocimiento es más importante que el capital y el trabajo

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Mientras Chile incrementó sus patentes en EE.UU. en los últimos 50 años de 2 a 75, Corea del Sur lo hizo de 2 a 20.000.

En los países de mayor desarrollo económico, el conocimiento ha pasado a ser el factor más relevante en la producción de nuevos bienes, servicios y procesos, sobrepasando al capital y al trabajo.

Vaya un dato: el número de patentes que anualmente concede EE.UU. desde hace 100 años a inventores de todo el mundo, se ha vuelto especialmente relevante en las últimas tres décadas, pasando de 60 mil patentes en 1985 a 325 mil en 2015.

Componentes esenciales

Una profusa literatura señala que la creación de conocimiento científico-tecnológico y su transferencia a la sociedad para generar innovaciones son componentes esenciales del desarrollo económico y social de los países.

Esto ocurre porque la creación y aplicación de nuevo conocimiento puede crecer sin límites y con rendimientos crecientes de productividad, a diferencia de los tradicionales factores productivos de capital y trabajo que exhiben rendimientos decrecientes.

Así, dado el carácter endógeno del crecimiento, la literatura reconoce la necesidad de los países, especialmente de aquellos en vías de desarrollo, de impulsarlo deliberadamente con importantes inversiones de largo plazo en ciencia, tecnología e innovación (CTI).

Es un hecho bien documentado que los países son ricos porque antes han invertido en sus sistemas de CTI por largos períodos (dos a tres décadas) y no al revés.

Esto determina que el futuro de cualquier sociedad que desee alcanzar un mayor bienestar social dependa, en gran medida, de su acervo cultural, científico y técnico, lo que en último término les permite el diálogo con otras sociedades y el intercambio económico y de conocimientos con el resto del mundo.

Baja inversión chilena en CTI

A pesar de su alta relevancia, la inversión que Chile hace en CTI ha sido históricamente baja. En la actualidad alcanza apenas a un 0,35% del PIB, que proviene mayoritariamente del sector público. Esta cifra no ha crecido desde fines de la década del 2000, siendo una de las menores de los países con similar nivel de desarrollo y muy por debajo del promedio de los países de la OCDE, que es el del 2,4%.

El presupuesto público para nuestro sistema de CTI en términos per cápita corresponde a US$56, cifra muy inferior a los US$127 de Brasil, US$430 de España y US$1.424 de Finlandia.

Esta baja inversión ha tenido diversas consecuencias que comprometen el desarrollo y crecimiento del país en el largo plazo: una baja diversidad productiva y elevada concentración, alta dependencia de la economía en la explotación de recursos naturales, una estructura exportadora principalmente de materias primas y prácticamente nulo crecimiento de la productividad total de factores (PTF) en los últimos 15 años, entre otras.

La evolución del número anual de patentes concedidas por EE.UU. a cinco países emergentes, ilustra bien este atraso. Mientras Chile incrementó sus patentes en ese país en los últimos 50 años de 2 a 75, Corea del Sur lo hizo de 2 a 20.000.





Alfonso Cruz
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