¿Aniquilación o negociación? una reflexión sobre el manejo de conflictos y sus implicancias para el país


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¿Aniquilación o negociación? Veamos una reflexión sobre el manejo de conflictos y sus implicancias para Chile.

El autor de este artículo es Álvaro Covarrubias Risopatrón, ingeniero civil UC.

En las sociedades humanas hay dos maneras posibles de terminar los conflictos. Una es la aniquilación, en la cual hay un triunfador que derrota inapelablemente a su contendor, así que puede imponer enteramente su voluntad.

La otra forma es la negociación, en la cual ambos contendores saben que no pueden derrotar al otro, por lo que pragmáticamente se sientan en una mesa y concuerdan mutuas concesiones que satisfacen parcialmente a ambas partes.

Ejemplos de término de conflictos por aniquilación y negociación

Como ejemplos de términos de conflictos por aniquilación, podemos mencionar: Chile en 1891; Europa en 1919 y 1945; España en 1939; Cuba en 1959 y Chile en 1973.

Ejemplos de conflictos resueltos por negociación son: las guerras de Religión, terminadas con la Paz de Westfalia en 1648; la guerra de Vietnam; el Franquismo en España con los acuerdos de la Moncloa de 1977.

Para los chilenos, el conflicto más relevante resuelto por negociación es la vuelta a la democracia y el término de la dictadura en 1989. Y hoy estamos frente a un nuevo desafío. Desde el 18 de octubre de 2019, se produjo un agudo conflicto entre los chilenos. El proceso constituyente en marcha nos estaría dando pistas de que se resolverá por negociación. Eso es lo que creo y espero.

El estallido social

El llamado “estallido social” no me parece un proceso que haya surgido espontáneamente. Es poco probable que confluyan en un mismo día eventos idénticos a la misma hora en múltiples zonas de Santiago.

Sin duda había y aún hay descontento por la desigualdad y los abusos. Pero esto tampoco puede considerarse como causa del estallido.

Descontento ha habido siempre y lo seguirá habiendo. Además, las encuestas de los últimos años indican que los chilenos se sienten bastante más conformes con su sociedad comparado con otros países de la Región. No es sorprendente.

El progreso de tres décadas nos llevó a ser los ciudadanos más ricos de Latinoamérica. Pasamos del subdesarrollo a la clase media de las naciones.

Por ello, pienso que el estallido tiene una raíz política. Hay movimientos extremos que incitaron a grupos de jóvenes a provocar una insurrección violenta. Su ejemplo fue prontamente seguido por el narcotráfico y el hampa.

El problema que veo es la pobre reacción del mundo político después de esto. Varios partidos, asombrados y sorprendidos por algo que ellos no habían organizado pero que de algún modo aprobaban, se comportaron como “cómplices pasivos” de la violencia, oscilando entre el apoyo tímido y el rechazo meramente formal.

El conflicto estuvo a punto de solucionarse por aniquilación del Gobierno, con la acusación constitucional al presidente de la República, que se salvó de ser aprobada por los votos de solo cuatro diputados.

La necesaria negociación

El punto positivo de ese período es la declaración de los partidos democráticos del 15 de noviembre. Es la forma civilizada de buscar el término del conflicto por negociación.

Corresponde a todos los partidos democráticos sentarse en una mesa para concordar acciones políticas, sociales y económicas para un pacto de paz social firme y duradero. Obviamente ninguna de las partes podrá obtener todo lo que desea de sus reivindicaciones.

La imperiosa necesidad de la negociación en vez de la aniquilación se hace más urgente en medio de la pandemia. Recordemos lo que no se hizo ni en 1891 ni en 1973 con sus fatídicas consecuencias.

¡Lo que se pide es solo repetir la grandeza del exitoso ejemplo de 1989 con buena voluntad y sentido patriótico!

 






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