¿Tu marca sabe contar una buena historia?


Nuestra cultura ha generado una industria desde el hacer sentido y asociarlo a objetos a fin de lograr la tan codiciada diferenciación.

Contar historias es una característica humana, es nuestra manera de comprender y hacer sentido del mundo en que vivimos. Ellas nacen desde los signos reconocibles (palabras, gestos, objetos, y también mitos y estereotipos) que por convención y uso cultural son cargados de múltiples significados.

Podríamos decir entonces que una marca puede comprenderse como una historia que viaja adherida a un objeto específico que se constituye en un producto precisamente por la historia particular adosada a él. Es precisamente la historia aquello que transforma una cosa en un producto específico.

Mundos metafóricos

Es creatividad aquello que genera y abre mundos metafóricos, llenos de sentido, significantes, palabras, sonidos, olores, colores. A partir de ellos, y asociándolos en una jerarquía de segundo orden, los productos se coligan intensamente para devenir signos precisos de valores específicos.

El rojo de la Coca-Cola y su asociación a felicidad, la manzana de Apple y su asociación a innovación y rebeldía, son ejemplos de cómo nuestra cultura ha generado una industria desde asociar objetos a significados para lograr diferenciar las marcas y ser así preferidas unas por sobre otras.

Estos procesos no ocurren en la conciencia sino más bien en capas más profundas de nuestro psiquismo. La fuerza de las marcas radica no en lo que sabemos de ellas, sino más bien precisamente en aquello que no sabemos de ellas.

Las historias de Hollywood apelan para generar un producto atractivo a todo público a los componentes inconscientes de la historia.

Batman es un héroe rebelde que genera identificación a nivel inconsciente mediante está dualidad de estar dentro y fuera de la ley en forma simultánea. Sabemos que no somos él, pero en un plano más profundo queremos ser exactamente como él.

Vender un producto implica una inmersión en este mundo profundo sentidos, metáforas y arquetipos inconscientes. Solo desde ahí los contenidos generarán engagement o enganche con los públicos objetivos para crear valor cultural de largo plazo.