Jornada de 40 horas: Cuando las organizaciones “salen de lo común”

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Las organizaciones deben alinear la gestión de personas con sus objetivos estratégicos. Y a veces eso puede considerar beneficios que van más allá de la ley.

En mayo de 2019, el alcalde de la comuna de Recoleta Daniel Jadue anunciaba la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales para aquellos trabajadores municipales adscritos al Código del Trabajo. Dicho código y la ley chilena contempla un máximo de 45 horas laborales a la semana, cantidad que la mayoría de las organizaciones utiliza como jornada.

En dicho anuncio Jadue exponía: “No queremos seguir esperando una discusión legal que pareciera nunca llegar a puerto y que pareciera estar siempre destinada a resguardar los intereses de los empresarios y no de los trabajadores”, aludiendo a la discutida iniciativa que la diputada Camila Vallejos encabeza en la cámara baja.

A modo de ejemplo, la parlamentaria destaca a Holanda, que tiene una población económicamente activa de 8,97 millones de personas, similar a las 8,59 en Chile. Sin embargo, en ese país trabajan un 40% menos de jornada semanal y tienen un PIB 3,4 veces mayor al nuestro.

“Hoy vemos que la gente está infeliz. Han aumentado los índices de depresión y estrés. Las personas merecen gozar del fruto de su trabajo. No es justo que pasen la mayor parte del tiempo trabajando. Merecen estar con sus hijos, con sus amigos, ir al cine, al teatro, descansar. No es justo que pasen la mayor parte del tiempo trabajando, sobre todo si eso no significa mayor productividad”, decía.

Gestión de Personas

¿Es entonces beneficioso para una organización tomar medidas que no estén dentro del límite de la ley? ¿Es la gestión de las personas una herramienta que beneficia a los trabajadores sin dañar el óptimo funcionamiento de la organización? El raciocinio inmediato nos hace pensar que menos horas de trabajo es igual a menos resultados para la empresa.

Una jornada reducida es un paso fundamental para mejorar las condiciones laborales y calidad de vida de las personas, teniendo un impacto real en el bienestar de los trabajadores. Una propuesta como esta representa una iniciativa socialmente deseable y económicamente eficiente, con claros beneficios. Más allá de estos aspectos, luchar por la calidad de vida de las personas es un fin en sí mismo.

Por ello es esencial que la gestión de las personas esté alineada con los objetivos estratégicos de la empresa, entendiendo que el capital humano y su bienestar serán claves para que la organización funcione de manera correcta.

La autora de este artículo es Catalina Pérez, alumna del curso “Gestión de Personas” de Clase Ejecutiva UC.

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