Autoliderazgo: para liderar a otros parte por ti, como Obama


Para ejercer el liderazgo con otros, primero hay que dar tres pasos de autoliderazgo.

Del liderazgo que no podemos escapar es del que ejercemos a nosotros mismos. En numerosas ocasiones he planteado que para liderar a otros es necesario que previamente nos autolideremos a nosotros mismos. Es decir, si deseamos que nuestro ejercicio del liderazgo sea el producto de un acto consciente de nuestra voluntad es pertinente que nos conozcamos.

Al respecto pienso que un buen referente es Obama y su manera genuina de reflejar quién es.

¿Se recuerdan del “Yes we can”? A mi juicio, y revisando con la perspectiva del tiempo, esa declaración de campaña refleja la manera como Obama se conduce a sí mismo hacia contextos cohesionados, donde se vea acompañado frente a un propósito trascendente.

Un primer paso del autoliderazgo es reconocer el valor de la individualidad, la fuente de lo auténtico y factor de confianza en sí mismo.

En una ocasión dice: “Para mí, el patriotismo es más que fidelidad a un lugar en el mapa. Es el respeto a unos valores, a una forma de pensar. Creo que una historia como la mía solo puede suceder en un sitio como Estados Unidos”.

Es fundamental tener consciencia que podemos ser quienes deseemos pero en relación con otros como la familia, la comunidad, la nación, etc.

Un segundo paso, desde mi perspectiva y experiencia, es tensionar las propias creencias o paradigmas. ¿En qué momento nos atrevemos a dejar de lado nuestras “verdades absolutas”?

En este sentido cito: “La mayoría de los problemas a los que me enfrento a veces implican un choque, no entre el bien y el mal, a veces entre dos maneras de entender el bien”.

Algunos pensarán que es una simple estrategia de ceder, por supuesto que eso es posible. Sin embargo, lo que yo interpreto es la capacidad de “subirse al balcón”, no quedarse atrapado en la propia historia y estar dispuesto a ser influido por otras perspectivas.

¿Cuántas veces Obama fue capaz de sacudirse de prejuicios, opiniones incuestionables o prácticas aparentemente sagradas?

Finalmente, el tercer paso que sugiero para el autoliderazgo es comprometerse con un proceso permanente en que en cada momento se pone a prueba la posibilidad de renunciar o confirmar la lealtad consigo mismo.

En mi opinión, Obama lo sintetiza así: “Siempre he creído que la esperanza es ese sentimiento tenaz en nuestro interior que insiste, a pesar de que todo indique lo contrario”.

¿De qué manera le fue posible mantenerse atento a sus propias señales interiores?

Al final de estos tres pasos podemos reconocer que ningún contenido, modelo o teoría con relación al liderazgo será realmente efectivo si no se ancla en la dimensión que le da real validez, como es el autoliderazgo y conocimiento de sí mismo.

Ahora dejo en manos de ustedes la tarea de construir su propio liderazgo, que refleje la capacidad de integrar el discurso público con el personal, es decir, la coherencia con que se proponen gestionar cambios en el entorno y al mismo tiempo comprometerse con los cambios personales que esto implica.

Pregunta: ¿De qué manera el conocimiento de ti mismo te ha permitido ejercer un mejor liderazgo?