Vida plena o “exitosa”: ¿Sabías que la respuesta puede estar en la revolución de la inteligencia emocional?

Se necesita un cambio radical en las capacidades humanas para que cada uno y todos logren tener una mejor vida. Esa es la propuesta de la inteligencia emocional.

En el desarrollo de un liderazgo exitoso, es necesario revisar lo que actualmente se entiende por éxito y el efecto que esto tiene en las personas. Ya sabemos, desde hace un tiempo, que mucho depende de la inteligencia emocional.

Vamos por parte. Actualmente se ha malinterpretado el significado del éxito confundiéndolo con el éxito económico y la obtención de comodidades. Esto ha sido una especie de señuelo que nos ha desviado.

Tanto es así que muchas personas, en general las más influyentes y educadas, se han condicionado a pasar la mayor parte del tiempo en una búsqueda desesperada de lo que falsamente se entiende por éxito.

Uno de los síntomas más claros de este fenómeno bastante extendido, es que cuando parece que hemos alcanzado las metas que tanto hemos perseguido, el propio éxito nos estimula a seguir en esta búsqueda, como si fuera una adicción. Nunca se tiene suficiente de aquello que realmente uno no necesita.

Cuando junto con esto, se intenta satisfacer nuestras necesidades emocionales a través de la adquisición de objetos, más se empieza a propagar el virus del consumismo.

La calidad de nuestras relaciones

Un antídoto para este fenómeno puede ser el desarrollo de las habilidades emocionales, las que permiten a las personas dirigir su energía emocional y comunicar mejor el significado emocional de su vida.

Cognitivamente pareciera ser que la preocupación por la calidad de nuestras relaciones es un lujo, que no podemos darnos en estos tiempos. Pero si reflexionamos un poco más, veremos que es precisamente en estos tiempos, ¡cuando más importan!

En la vida moderna, las máquinas han aliviado gran parte de nuestra vida cotidiana. Y cada vez más personas alcanzan un nivel de desarrollo material, que nuestros antepasados ni se soñaban.

A pesar de esto, el bienestar nos ha llevado a sentirnos inseguros, inadecuados y constantemente presionados por el tiempo. Y con un nivel de competencia con otros, cada vez mayor.

Es claro que pasado un cierto punto, la abundancia de nuevos y mejores bienes no llega a satisfacer las necesidades humanas más profundas.

Empieza a ser urgente que recuperemos un equilibrio entre el tiempo y la energía que debemos ocupar en conseguir nuestro propio bienestar y aquel que debemos dedicar a nuestras familias y comunidad.

El otorgar poco tiempo y esfuerzo a cualquiera parte de la ecuación, se traducirá en un daño para el sistema personal.

Valorarse a sí mismo y a otros

El desarrollo de la inteligencia emocional es un seguro. Eso, porque en el proceso la persona aprende a valorarse a sí misma y a los demás. Se requiere de coraje para disciplinar los deseos y postergar las gratificaciones para poder atender las necesidades de otros.

Por otro lado, una vez que nos hemos acostumbrado a disfrutar de la solidaridad que surge al atender las necesidades de otras personas y nuestras relaciones con ellas, también se requiere de valentía para retirarse a revisar y satisfacer lo que son nuestros propios anhelos.

Se necesita un cambio radical en las capacidades humanas, si queremos integrar nuestros esfuerzos sociales y económicos de modo de obtener sabiduría a partir del conocimiento, justicia a partir de la abundancia y verdadera libertad a partir de tantas oportunidades que nos da la vida moderna. Esta es la revolución que plantea el desarrollo de la inteligencia emocional.

 

 





Nureya Abarca
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