¿Qué pasará con la fundición de Ventanas?

Si bien la fundición de Ventanas cumple con la norma actual, el problema radica en que la norma de calidad de SO2 chilena es inadecuada para proteger la salud de las personas.

El país conoce los eventos ambientales ocurridos en Quintero en las últimas semanas. Las emisiones que causaron daño a la población y llevaron a cientos de personas a buscar atención médica no han sido aún adjudicadas a una empresa determinada, pero es evidente que dichos daños fueron causados por aerosoles de hidrocarburos, los que no son emitidos por la fundición de Ventanas de Codelco, sino por otras empresas. La principal emisión de esta fundición es anhídrido sulfuroso (SO2).

Estos sucesos crearon alarma pública en la población de la zona y también a nivel nacional. Y colocaron el foco en todas las empresas del complejo industrial de Ventanas. El enorme malestar de la población está basado no solo en los episodios de estas últimas semanas, sino en un sentimiento de abandono histórico, que supone la negligencia de las autoridades a través del tiempo para prevenir y resolver estos problemas.

Como consecuencia de estos hechos, el Gobierno decretó alerta ambiental, reduciendo la producción de numerosas empresas por un tiempo limitado, incluida la fundición de Ventanas.

No es de extrañar, entonces, que el 3 de septiembre pasado la fundición de Ventanas —habiendo producido emisiones que llegaron a un 30% menos que la norma diaria chilena— apagara de su propia iniciativa, tres de cuatro equipos de fusión.

Los equipos de monitoreo de esta fundición miden la concentración de anhídrido sulfuroso (SO2) cada un minuto, lo que es mucho más exigente que la norma actual del país que es diaria. Varios organismos públicos están conectados a esta red y algunos adicionales se incorporaron ahora.

La fundición de Ventanas está cumpliendo con la legislación chilena de calidad del aire, así como con las normas de emisión del Decreto 28 que entró recientemente en aplicación. Pero ello es insuficiente.

SO2: Norma chilena inadecuada

El problema radica en que la norma de calidad de SO2 chilena es inadecuada para proteger la salud de las personas, como lo demuestra la evidencia científica que llevó a crear las mucho más exigentes normas de la OMS y de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA).

De hecho, Chile no tiene norma horaria, y en un contaminante aéreo con efectos agudos como este, lo importante es prevenir los episodios de corta duración, ya que estos pueden llevar a inducir efectos muy graves para la salud. De nada sirve tener una norma diaria, ni menos anual, si un efecto relevante se produce a los pocos minutos de haber comenzado un episodio.

El punto es que Chile debe avanzar hacia un estándar de calidad para la salud del SO2 que proteja adecuadamente la salud de las personas.

Es lícito colocar normas de calidad menos exigentes que los países más ricos. Las normas chilenas en casi todos los contaminantes son menos exigentes que las de EE.UU. Pero en el largo plazo igual habrá que avanzar hacia normas más exigentes porque la gente las demandará. Y también porque el país y sus empresas serán más ricas y las podrán pagar sin desmedro para el empleo. Esto ya lo sabemos.

Posibles mejoras

Chile puede adoptar ahora la norma de calidad horaria de SO2 canadiense (450 ug/m3), una de las menos exigentes, la que podría ser cumplida inmediatamente por la fundición de Ventanas. En términos de mayores exigencias le siguen la norma de calidad europea (350 ug/m3), la de EPA (197 ug/m3), y la de la OMS (500 ug/m3 cada 10 minutos).

La EPA ratificó en junio 2018 su norma de calidad horaria de SO2, adoptada por primera vez en 2010. Y Canadá tiene la meta de alcanzar normas de calidad algo más exigentes que las de la EPA en 2025.

Decreto 28: error de diseño

Eso sí, no habría que repetir el error de diseño del Decreto 28 para normas de emisión en fundiciones. Antes de fijar una nueva norma de emisión hay que modificar la obsoleta norma chilena de calidad, ya que la primera se establece con el solo objeto de cumplir con esta segunda, que es la que establece el riesgo aceptable para la salud de las personas.

En la mayoría de los contaminantes no es posible alcanzar el riesgo cero ya que dichos contaminantes se encuentran naturalmente en el ambiente.

El segundo principio consiste en establecer la norma de calidad última a ser cumplida con el conocimiento actual, adjudicando el tiempo para que las empresas inviertan en nuevos procesos e instalaciones. Estas deben conocer la meta última para minimizar los costos de las etapas intermedias, cuestión que no ocurrió con el Decreto 28. Canadá se dio 10 años para avanzar a una norma de calidad más exigente, colocando una meta intermedia a los 5 años. Chile podría hacer algo parecido.

En cuanto a la viabilidad económica de implementar una norma de calidad chilena de SO2 más exigente en cada una de las siete fundiciones chilenas, para cumplir con las etapas intermedias y final que se establezcan, es algo que deberá ser analizado por cada empresa.

 





Gustavo Lagos
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