¿Qué implica la cuarta revolución industrial para las organizaciones?

La cuarta revolución industrial, como las otras, implica un cambio en cómo trabajamos y nos organizamos.

Hoy estamos insertos dentro de la cuarta revolución industrial, con nuevas tecnologías que están cambiando la economía mundial: bigdata, inteligencia artificial, internet de las cosas (IoT), blockchaincloud computing, impresoras 3D y 4D, robots, drones y vehículos autónomos, CRISPR y técnicas de edición genética, entre otras.

La pregunta es ¿qué significan estas tecnologías para las organizaciones? Para responder esta pregunta, primero tenemos que pensar qué pasó con las primeras tres revoluciones industriales.

Fuerza centrípeta

La primera revolución industrial (1750, aproximadamente) fue habilitada por una tecnología llamada máquina a vapor. Lo revolucionario de esta tecnología es que posibilitó una nueva forma de organizarnos: la fábrica.

Y junto con ella la división del trabajo. Se podría pensar que la consecuencia organizacional de la primera revolución industrial fue la aglomeración esfuerzos laborales que antes estaban atomizados. En otras palabras, actuó como una fuerza centrípeta.

La segunda revolución industrial (1900, aproximadamente) fue habilitada por tecnologías como la electrificación y el motor de combustión interna. Estas tecnologías también modificaron la forma en que nos organizamos. Y nos dejaron la producción en masa, los gerentes profesionales, y la multinacional como forma organizacional.

Esta segunda revolución industrial también actuó como una fuerza centrípeta, aglomerando aún más la producción en grandes empresas.

Fuerza centrífuga

La tercera revolución industrial (1970, aproximadamente) fue habilitada por tecnologías como la computación y la digitalización.

Lo novedoso de lo digital es que estas tecnologías ya no actuaron como fuerzas centrípetas, sino todo lo contrario, como fuerzas centrífugas. Las grandes multinacionales comenzaron a desmembrarse y la reingeniería de procesos habilitó formas de producción distribuidas.

La cuarta revolución industrial (2010, aprox) también está actuando como fuerza centrífuga. Muchas empresas están siendo desafiadas por otras más pequeñas o que actúan en red.

En el fondo, estas tecnologías están posibilitando la colaboración entre humanos y máquinas que están transformando, a su vez, la forma en que las empresas se organizan y nosotros trabajamos.

El concepto de cowork, por ejemplo, simboliza que ya no se necesita una estructura organizacional para trabajar. La innovación ya no se hace al interior de la organización, sino que esta ocurre en redes externa.

Todos estos cambios redefinen, últimamente, la forma en que trabajamos y nos organizamos. Esto es lo verdaderamente revolucionario, no una tecnología en particular.

 

 





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