Punto de inflexión: Cuando un leve cambio lo cambia todo

Así como con una pequeña variación de la temperatura el agua se convierte en hielo o vapor, lo mismo ocurre en los sistemas sociales. Como pasó en el estallido social chileno.

Hace ya varias décadas que el pensamiento científico se ha estado ocupando con los llamados puntos de inflexión. Estos son momentos en los cuales un leve aumento cuantitativo de una variable de un sistema provoca un cambio cualitativo en dicho sistema.

Los ejemplos más citados provienen de la física, como, por ejemplo, el agua líquida cuya temperatura ha descendido gradualmente y se encuentra alrededor de los 0 grados, aunque sigue siendo líquida. Un muy pequeño descenso cuantitativo de dicha temperatura conduce, entonces, a un gran cambio cualitativo de esta masa de agua que consiste en su paso al estado sólido. La temperatura del agua ha alcanzado un punto de inflexión y ahora es hielo.

Algo semejante sucede al aumentar la temperatura del agua hasta llegar a un punto cercano a los cien grados Celsius. Si, esta vez, se produce un aumento cuantitativo casi imperceptible en esa temperatura, el agua comienza a ebullir, pasando al estado gaseoso, lo cual es un cambio cualitativo de gran relevancia.

En las comunidades sociales: el caso chileno

En el caso de las comunidades sociales, hay también situaciones que responden a un modelo semejante. Lo pudimos comprobar con el estallido social que comenzó en Chile octubre de 2019. La comunidad se mantenía calma, la gente trabajaba, asistía a sus estudios o realizaba sus actividades siguiendo sus diversas rutinas. Había, en general, respeto por las leyes. Las luces rojas hacían que el tránsito se detuviera, las cuentas se pagaban, las obligaciones se cumplían, el presidente afirmaba que Chile era un oasis en comparación con los tiempos turbulentos que afectaban a muchos otros países, especialmente latinoamericanos.

De improviso, un alza de $30 pesos, manejada con escasa habilidad por las autoridades del metro, generó una situación de desorden indescriptible e inconcebible. Las manifestaciones se multiplicaron, hubo saqueos. Se destrozaron los semáforos y no había carabineros que dirigieran el tránsito. Las turbas fueron extremadamente violentas e incluso arrojaron bombas molotov contra funcionarias de carabineros. Los saqueos y quemas de supermercados sucedían a vista y paciencia de carabineros, que no estaban o no actuaban.

Por otra parte, los mismos carabineros atropellaron los derechos humanos e, incluso, hirieron con sus balines y bombas lacrimógenas a personas que no participaban violentamente en las manifestaciones. En suma, descontrol generalizado.

Como es evidente, un alza de $ 30 pesos es una suma ínfima, demasiado pequeña para explicar esta enorme reacción. Pero muy pronto apareció la respuesta: no son 30 pesos, son 30 años, dijeron los manifestantes.

Durante 30 años la población había soportado abusos indignos y había sido testigo, además, de cómo eran castigados ¡¡con clases de ética!! grandes empresarios que habían cometido delitos mayores.

El sistema de AFP anunciaba exultante haber tenido ganancias del 70%, pero las pensiones que ofrecía a los ahorrantes, que habían puesto su dinero a disposición para que hubiera estas grandes ganancias, eran absolutamente indignas.

Los pollos, los medicamentos y ¡¡hasta el papel higiénico!! eran vendidos a precios convenidos entre sus productores, perjudicando a los usuarios… hay un larguísimo etcétera de abusos que estuvo soportando la población.

Así, los $30 pesos fueron un pequeño incremento en la sensación de injusticia de la comunidad, pero llevaron la situación a un punto de inflexión que produjo un cambio cualitativo en el comportamiento manso de la población, que mostró la rabia acumulada, como ha pasado en todos los estallidos sociales de la historia.

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