Nureya Abarca: “Los gerentes matones no consiguen buenos resultados de largo plazo”

Nureya Abarca gerentes matones

El estilo matonesco de un gerente tiene altos costos para el desarrollo de la organización.

Cuando un ejecutivo/a es responsable de guiar grupos de trabajo hacia metas que son cada día más exigentes, muchas veces puede pensar  que debe elegir entre ser “querido” o “temido”. Nureya Abarca (Phd en Psicología) y profesora de Clase Ejecutiva UC (*) desmenuza este supuesto dilema.

— ¿Mano blanda o mano dura para dirigir?

“En principio todos estaríamos de acuerdo en considerar la amabilidad y compasión como cualidades positivas, sin embargo en los negocios esto es visto como una debilidad. Los gerentes amables son considerados como débiles, suaves o al menos tolerantes de los errores, lo que podría desmotivar a los colaboradores de alto rendimiento. Se les acusa de ser ‘demasiado buenos’”.

“Por el contrario los así llamados ‘gerentes duros’ que amenazan a sus colaboradores son vistos como gerentes estrella que saben hacer funcionar el látigo para lograr sus metas”.

— Pero ¿es posible ser amable y atento junto con lograr altas metas de desempeño y ganancias en una empresa?
“Se le hizo esta pregunta a Chade-Meng Tan de Google y su respuesta fue que en su experiencia es posible ser duro, exigente a la vez que amable y compasivo, que estas características no son mutuamente excluyentes”.

— ¿Qué costos tiene ser demasiado duro?
“El problema con ser solamente exigente y matón con las personas es que se producen al menos tres costos: el primero es falta de sustentabilidad a largo plazo. Cuando las personas no quieren trabajar con Ud. y lo hacen solo por necesidad, se irán apenas puedan hacerlo. Entonces va a tener un problema en la retención de sus colaboradores. Pero aun si logra retenerlos, ellos no trabajarán al máximo de su capacidad por mucho tiempo. Este es un costo visible”.

“Otros costos son menos visibles, como la calidad y el compromiso. Si las personas no son felices, ellas no se comprometerán. Si no se comprometen entonces la calidad va a sufrir. Esto se puede reflejar por ejemplo, en un pobre servicio al cliente, lo que va a significar una pérdida de clientes y por lo mismo un mayor gasto en ‘marketing’”.

“Un tercer aspecto aún menos visible afecta a aquellas firmas que dependen de la creatividad. Si los gerentes lo único que hacen es acosar a las personas, estas no pueden resolver problemas con originalidad. Entonces se estará perdiendo la energía creadora, ¿se imaginan ser creativos cuando la emoción que los inunda es el miedo?

— Si los costos son tan altos, ¿por qué habrá tantos gerentes que siguen este estilo matonesco?
“Una de las razones puede ser que con este estilo se obtienen ganancias visibles a corto plazo, se logran cifras altas de desempeño en el siguiente período, y lo que se pierde solo se verá a largo plazo. Con este tipo de gerentes a lo más se llega a ser una buena empresa, nunca una superior”.

(*) Profesora de los cursos online de Inteligencia Emocional y Coaching de Clase Ejecutiva UC.






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