Negociación y crisis social en Chile

Escrito por : Cristián Saieh

Para lograr acuerdos se han utilizado estrategias transaccionales y de acomodo. Lo que está en juego no es la relación entre los partidos políticos, sino de estos con los representados y la ciudadanía.

De forma impensada, durante las últimas semanas no ha sido la actualidad en Venezuela, Brasil o Medio Oriente la que han copado las crónicas y los titulares de la prensa internacional; ha sido Chile, país que atraviesa por una crisis sin precedentes que ya se extiende por más de un mes, y en la cual no es posible aún prever resultados con certeza.

A las demandas de la ciudadanía en salud, educación, y pensiones –por mencionar algunas-, se han sumado nuevas exigencias con contenido valórico como son la dignidad y la equidad, las que se enmarcan en un contexto de profunda desconfianza hacia las instituciones y los representantes políticos.

Para estudiar el conflicto actual es necesario observar a lo menos dos factores relevantes. En primer lugar, la intensidad de este, que dice relación con la importancia que tiene el conflicto para los involucrados, en términos tales que los intereses y necesidades en juego son cruciales y las concesiones resultan sumamente costosas para las partes y para los indirectamente afectados. Pensiones, salud, medicamentos, educación son expresiones concretas de que estos conflictos son vitales.

Firma de acuerdo

En este contexto, los partidos políticos han tenido que dejar de lado parte de sus diferencias, y buscar acuerdos que privilegien la estabilidad política, institucional, y con ello, alcanzar la tan anhelada paz social. Así, el pasado 14 de noviembre se celebró el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución que constituye, sin duda alguna, un momento histórico para Chile, toda vez que abre la posibilidad de que la generación de una nueva Carta Fundamental sea percibida como un genuino gran consenso ciudadano.

Para lograr estos acuerdos a nivel político, en las negociaciones han predominado las estrategias de transacción, en donde una parte cede a cambio de algo, y también de acomodo, en la cual se priorizan aspectos intangibles como los relacionales, por sobre los resultados inmediatos obtenidos. En ambos casos, no es la relación con los distintos partidos políticos la que está en juego. Es la relación con los representados y con la ciudadanía.

Violencia: No hay entendimiento

No obstante los avances referidos, hasta el momento, pareciese que los acuerdos no logran dar respuesta a las demandas planteadas por la ciudadanía, lo que nos lleva a analizar una segunda dimensión: la violencia. Una de las consecuencias que trae su ejercicio, es que se pierde la capacidad de dialogar con el otro, por cuanto deja de ser un interlocutor válido. Las posiciones se extreman y se abre lugar a dinámicas destructivas, que impiden cualquier posibilidad de entendimiento.

Los altos grados de violencia en las calles han traído consigo decenas de personas fallecidas, y miles de heridos, lo que no ha hecho más que agravar el conflicto, siendo cada vez más complejo avanzaren una solución por la vía institucional. Por su parte, la espontaneidad y el carácter inorgánico del movimiento traen consigo la complejidad de determinar interlocutores válidos, lo que hace difícil identificar los intereses que están en juego.

Para solucionar esta situación es necesario que la humildad, el respeto y la genuina cooperación no estén solamente en el discurso. Hay que actuar a partir de estos principios y buscar soluciones que sean capaces de conectar con las distintas necesidades que se han manifestado. De otra forma, el panorama continuará siendo incierto, y el resultado podría ser peor de lo que hemos visto estos días (fines de noviembre 2019).

Este artículo contó con la colaboración de Felipe Martínez, coordinador de investigación del Programa Negociación UC.

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