Minería chilena: ¿Por qué no crece el número de proveedores tecnológicos locales?

Una de las razones es el carácter endogámico de la minería: siempre se quiere hacer negocios con los mismos.

La semana pasada, el profesor Mauro Valdés postulaba que la minería chilena puede ser un espacio privilegiado para el emprendimiento y la innovación, perfecto para salir del lugar de espectadores y avanzar hacia el protagonismo de la revolución tecnológica.

Este anhelo compartido viene desde fines de la década del ´90 cuando Chile se puso a la vanguardia de la producción de cobre de mina. Entonces, pasó de un 18% del total mundial a principios de esa década a más del 35% a fines de la misma.

Cluster minero

El cluster minero instalado en Chile empezaba a ser una realidad. Y una extensión natural de su desarrollo era la aparición de proveedores capaces de responder a los desafíos tecnológicos de la actividad minera.

Sin embargo, no podemos estar satisfechos de lo avanzado. A pesar de las oportunidades que generan los innumerables problemas técnicos y de gestión que están presentes en el sector, no existe un número relevante de emprendimientos y empresas tecnológicas que brillen en los mercados mundiales. Ni menos un conjunto de centros de investigación pioneros en la aplicación de nuevas ideas a esos desafíos.

Desconfianza al hacer negocios

Durante la semana pasada (semana del 11 de junio de 2018) hubo en la prensa comentarios y noticias que nos pueden ayudar a entender el escaso desarrollo que ha tenido el cambio tecnológico, particularmente en la minería.

En primer lugar quisiera destacar el artículo “Desmintificando a Chilecon Valley…” que hace referencia a la relación endogámica que existe en nuestro país en el ecosistema tecnológico y de innovación. Nuestra desconfianza y falta de colaboración conduce a la práctica de hacer negocios entre los mismos sin buscar alternativas.

En la minería, este comportamiento llega a extremos, al punto que nadie que no pertenezca al “club minero” puede vender sus productos y servicios.

A ello se agrega la falta de incentivos para innovar que se refleja en que los ejecutivos y profesionales del sector no se arriesgan con nuevos proveedores y privilegian el statu quo. Esa actitud debe cambiar si queremos recibir la fertilización cruzada desde otras industrias, tan necesaria en los procesos innovadores.

Expropiar beneficios

Un segundo comentario interesante dice relación con el proyecto de ley sobre institucionalidad para la ciencia, la tecnología y la innovación. En carta a El Mercurio, Hernán Cheyre critica los artículos que le dan al Estado derechos de propiedad y participación sobre innovaciones financiadas con fondos públicos. Es un error exigir ese royalty, ya que desincentiva y complejiza un proceso que merece el apoyo estatal precisamente por las externalidades que genera en la sociedad.

Lo más grave en el caso de la minería es que la misma actitud tienen empresas mineras que pretenden exigir a los emprendedores e innovadores que apoyan o a los cuales se les permite utilizar sus instalaciones y proyectos para probar nuevas tecnologías, que compartan la propiedad de las patentes. O que les den exclusividades que frenan el potencial de negocios de dicha innovación. Ello, sin darse cuenta que el gran negocio de la minería son los efectos que produce ese quiebre tecnológico.

Falta de cluster

Y el tercer comentario dice relación con el cierre de la planta de contenedores refrigerados que Maersk tenía en San Antonio, entre otros, por “la dificultad permanente para obtener, a nivel local, los proveedores de insumos esenciales para la fabricación de contenedores”.

Ese factor apunta a que el concepto de cluster con su mezcla de cooperación y competencia es un requisito esencial para que se desarrolle una potente y competitiva capacidad tecnológica en el país.





Marcos Lima

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